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13 sept. 2010

Capítulo 11 de Indecisión

Cam aún seguía con la botella en las manos, completamente abstraída en sus pensamientos cuando el teléfono sonó. No pudo contener el sobresalto que la aquejo, perturbada dejo la botella sobre su mesita de noche y tomó el teléfono.

—Bueno…—respondió temiendo que quien estuviera al otro lado de la línea fuera la misma persona que estaba enviándole los paquetes, decidida a revelar su identidad o inquietarla más.

—Hola mi amor.

—¿Nico?—preguntó no sabiendo si era realmente él pues al estar tan inquieta no había prestado atención a la voz.

—Si, soy yo—respondió preguntándose quien más podría llamarla y saludarla diciéndole mi amor.

—Hola—murmuró Cam aún demasiado desconcertada por lo acontecido hace algunos minutos.

—¿Pasa algo?—dijo él percibiéndola distante.

Por lo que pareció demasiado tiempo ella no dijo nada, Nico preocupado repitió su pregunta.

—Yo… si, estoy bien. ¿Cómo va todo?

—Cam pareces muy distraída y distante, ¿estas segura que todo está bien?

—Si, si, segura.

—¿Y por qué no te creo?

—Veamos… en realidad si pasa algo, pero no creo que sea algo a lo que le debo dar importancia y tampoco tiene caso preocuparte con una tontería.

—Déjame juzgar a mí si es una tontería, cuéntame por favor.

—Esta bien—suspiró sentándose en el piso con la espalda contra la cama—Mira desde hace algunos días me han estado llegando unos paquetes algo extraños, desde el principio me pareció una broma o algo así, nada a lo que prestarle atención, pero justo hoy llegue a casa y me encontré con uno que me dejo un poco perturbada, pero creo que…

—¿Paquetes?—interrumpió él—¿Qué tipo de paquetes? ¿Algún remitente?

—Con regalos, si es que se pueden llamar así y no tienen remitente pero siempre viene una nota.

—¿Qué regalos? ¿Y que dicen las notas?

Cam le contó sobre lo que contenían los tres paquetes y sus respectivas notas así como el e-mail que dio comienzo a todo, cuando termino un largo silencio ocupo la línea.

—¿Desde cuando?—finalmente Nico hablo.

—La semana pasada.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—No quería preocuparte. Como ya dije debe ser una broma de mal gusto, nada de que preocuparse.

—No me lo parece, así que voy a regresar, hablare con…

—¡No!—lo interrumpió—No es necesario, por eso no quería decírtelo, no tienes que dejar tus responsabilidades para protegerme.

—No tengo qué, pero quiero, no podría estar tranquilo de otra manera.

—Por favor no le demos más importancia de la merecida a esto, si pasa algo raro le hablare a tus amigos, lo prometo.

—Pero ¿acaso no te das cuenta de lo que la última nota dice? Quien te ha estado enviando esos paquetes tiene que ser un vampiro o alguien bromeando como dices pero con conocimiento de causa y siendo así sólo podrían ser dos personas…

—¿Quienes?

—Axel o Milena.

—¿Qué? ¡Axel no lo hizo!

—¿Por qué estas tan segura?

Tardándose en responder sopesó sus opciones, si decía la verdad Nico sabría que Axel se entero primero de los paquetes y aunque no le hubiera dicho mucho de cualquier forma eso lo molestaría, ella estaba segura, y por otra parte mentir no parecía correcto, él no lo merecía, así que decidida optó por lo primero y se preparo para las consecuencias.

—Porque se lo pregunté—respondió en un susurro.

El silencio fue toda su respuesta al otro lado de la línea.

—¿Así que Axel ya lo sabía?—dijo Nico tras un largo silencio.

—Si—musitó Cam—pero no es como te lo imaginas.

—¿Y cómo sabes qué es lo que me imagino?

—Nico, por favor no tomes esto a mal, mira después de ver el primer paquete que me llego recibí una llamada de él y no pude evitar relacionarlo, parecía demasiada coincidencia, pensé que era una broma suya y se lo pregunté, me dijo que no fue él y por tanto ya no le dije nada, ni siquiera le mencione lo que decía la nota.

—Y a mi no me dijiste nada hasta ahora y porque insistí.

—¡Porque no quería preocuparte!

—O porque no confías en mi lo suficiente.

—Esa es una tontería, la más grande tontería que has dicho.

—Suponiendo que así fuera, entonces ¿por qué siempre parece que Axel tiene más influencia en ti?

—Eso no es verdad—respondió exaltándose.

—Lo es, no te mientas a ti misma, no me mientas, apenas supo que querías convertirte y te convenció de no hacerlo, yo intente convencerte desde que se te metió la idea en la cabeza y nunca me hiciste caso. Luego llegan esos paquetes y el único en saberlo es él.

—¡Pero si sólo se lo dije porque pensé que había sido él!—gritó, moderando el volumen de su voz continuó: —Ni siquiera le dije lo que decía la nota, ni le hable del e-mail ni de los demás paquetes.

—Pero a mi tampoco, y al final sabía más que yo.

—Acabo de contártelo todo, cosas que él no sabe.

—Sólo porque te presione, sólo por eso—susurró Nico. —Después de todo veo que hice bien en darte espacio para que definas tus sentimientos, por el bien de ambos, o el bien de los tres según se vea.

—¿Por qué me haces esto?—sollozó Cam—Pareciera que en vez de querer que defina mis sentimientos estas seguro de que te dejare por él, ¡maldita sea, deja de arrojarme a sus brazos!

El silencio se hizo cargo de nuevo.

—Dime que en estos dos días que no he estado no ha pasado nada, dímelo y entonces yo mismo reconoceré lo estúpido que soy—expresó Nico.

Ella no respondió, no podía, porque al final Nico tenía razón, había pasado algo y se sentía culpable por su reacción ante ello.

Leyendo la respuesta en su silencio él maldijo. —¿Qué paso?—preguntó a pesar de si mismo, a pesar de haber dicho que no preguntaría lo que pasaba entre ellos cuando no estuviera, simplemente no podía soportar las imágenes que llenaban su mente --la idea de ellos dos juntos-- tenía que saber.

—No me hagas esto—suplicó Cam entre lágrimas.

—¿Qué paso?—repitió ignorando su ruego. —¡Dímelo!

—¡Eres un maldito! ¿Quieres saber? Pues entonces déjame decírtelo. Ayer fuimos al cine y a cenar por eso no estaba en casa cuando llamaste, y hoy vino por mi para llevarme a la universidad y me preparó el desayuno después de verme el trasero lujuriosamente y besarme el oído haciéndome sentir frustrada cuando no me beso en los labios, ¿y hoy en la tarde? Estaba tan desanimada por todo lo ocurrido en los últimos tiempos en mi vida y sintiéndome tan culpable por lo que había pasado en la mañana que cuando estaba en su casa en el entrenamiento me dio un masaje y me beso el cuello, y ¿sabes que le dije? Todo lo que había pasado entre tú y yo, le conté de mi papá, le hable de tu permiso para hacer lo que quisiera con él, pero le di a entender que aun así nada pasaría, ¿y por qué? Por tu estúpido plan no esta libre de culpa y odio sentir que te estoy engañando, pero creo que no vale la pena, eres un maldito que disfruta poniéndome en esta situación, cómo si tal cosa fuera fácil para mi, todo esto era para ver que pasaba con Axel ¿no? pues entonces creo que te tomare la palabra, y quizás tiene influencia en mi como dices porque es humano y puede hacerme ver las cosas desde esa perspectiva.

El arranque de sinceridad de Cam fue como un cuchillo clavándose poco a poco en el corazón de Nico, dando el golpe de gracia con esas últimas palabras. No era humano, nunca podría serlo de nuevo y por tanto nunca podría comprender a Cam en ese aspecto, al final de todo y a pesar de amarla lo mejor para ella era estar con un igual, con alguien como ella, alguien que no la sometiera a tomar una decisión de repercusiones eternas.

—No te limites, si quieres que te bese y no te besa, bésalo tú, sin culpas, eres libre y te mereces a alguien tan humano como tú. Se feliz, te amo y quizás te ame siempre y por eso te dejo libre, porque amar no es imponer, no es tener lo que uno quiere, sino renunciar a ello, así que renunció a ti porque si tú eres feliz lo soy yo también, perdóname por someterte a esta situación, perdóname por aparecer en tu vida y complicártela, perdóname por amarte; al final un ser como yo quizás no sabe lo que es el amor, o quizás no merezco amar y sólo he estado viviendo un sueño, pero hay quienes no tenemos derecho ni a soñar, hasta luego Cam.

El sonido de la línea cuando Nico colgó no hizo nada por sacar a Cam de su estado de shock, no podía creer lo que había dicho, no podía creer lo que había escuchado, no podía creer que había perdido a Nico.

Haciéndose ovillo en el suelo lloró y cuando las simples lágrimas no aliviaron su dolor sollozó, los fuertes sollozos desencadenaron en un ataque de no poder respirar, el aire se negaba a llegar a sus pulmones, su vista se empezó a nublar y de pronto todo se volvió negro.

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