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27 oct. 2009

Capitulo 4-5-6-7-8-9-10- Velo de Medianoche



CAPITULO DIEZ
Traducido por Aletse

Nikolai se despertó en la oscuridad total, con su cabeza descansada contra el ataúd de un hombre de Montreal por lo visto aparentemente acaudalado que había estado muerto por sesenta y siete años. El suelo de mármol del mausoleo privado le había servido de poco durante las horas de descanso, pero a Niko le había servido bastante bien. La noche había estado avanzando progresivamente peligrosa cerca del alba, mientras él había dejado el territorio de Yakut, y de lo único que estaba seguro como el infierno es que había dormido fuera de la luz del día dentro de lugares peores que el cementerio que él había encontrado en el extremo norte de la ciudad.
Con un gemido, él se sentó y abrió su teléfono celular para comprobar en la pantalla la hora. Mierda, solo era justo después de la una P.M. Todavía tenía aproximadamente unas siete u ocho horas para esperar aquí antes de la puesta del sol, cuando sería seguro para él estar afuera. Siete u ocho horas más, y él ya sentía la sensación de picor por la sesión de inactividad que tendría por un largo tiempo.
Sin ninguna duda Boston se estaría preguntando por él ahora. Niko golpeó la marcación rápida de la oficina central de la Orden. A mitad de camino del segundo timbrazo, Gideon contesto.
"Niko, carajo. Era hora de que tú dieras un informe.” El ingles vago del guerrero con su acento sonaba un poco áspero. Pero no era ninguna sorpresa, teniendo en cuenta que Niko le llamaba a la mitad del día. "Háblame. ¿Estás bien?"
"Sí, estoy bien. Mi objetivo aquí en Montreal se ha jodido de diez maneras diferentes desde el domingo, pero aparte de eso, todo esta bien".
"No tuviste ninguna suerte para encontrar a Sergei Yakut, lo entiendo?"
Niko rió entre dientes. "Oh, he encontrado al bastardo facilmente. El Gen Uno está vivito y coleando y vive al norte de la ciudad con cierta especie de retroceso en el tiempo hacia Gengis Khan."
Él le dio a Gideón un rápido resumen de todo lo que había sucedido desde su llegada a Montreal - desde la patada en el culo de bienvenida que había recibido de parte de Renata y los otros los guardias, hasta las pocas extrañas horas que él había pasado en el refugio de Yakut, que culminó con su descubrimiento de los humanos muertos desechados en la parte de atrás y su subsecuente evacuación de la propiedad.
Él describió el reciente intento fallido que hubo sobre la vida del Gen Uno y el increíble papel que Mira desempeño para frustrar ese ataque. Niko excluyo dejando aun lado la parte sobre lo que él personalmente había visto en los ojos de Mira. Él no vio ninguna razón para compartir los detalles de la visión, que, a pesar de la insistencia de Renata de que Mira nunca se equivocaba, él tenia aproximadamente cero posibilidades… no, el sabia eso, había exactamente cero posibilidades de que eso sucediera ahora.
Eso debería haber sido un alivio para él saberlo. La última cosa que él necesitaba era mezclarse con una mujer, sobre todo con una obra como Renata. La compañera unida por el lazo de sangre a Yakut. La idea todavía seguía carcomiéndolo, mucho más de lo que debería. Y él no se sentía particularmente bien sobre el hecho de que incluso el más leve recuerdo de aquel beso con ella era suficiente para hacerle ponerse duro como la tumba de granito que lo rodeaba.
El la deseaba a ella, y había habido por una fracción de segundo, cuando dejaba el refugio que pensó que ella podía seguirlo después. No tenía ningún motivo para pensar eso, pero eso había sido un golpe en el estómago, una sensación de que tal vez Renata podría correr detrás de él y pedirle que la sacara de allí.
¿Y si ella lo hubiera hecho? Cristo, él tenia que haber estado bastante idiota solo de considerarlo.
"Entonces," él le dijo a Gideón, mentalmente regresándose así mimo hacia la realidad. "El punto de ello es que no podemos contar con ningún tipo de cooperación de Sergei Yakut. Él básicamente, me lo dijo antes de que me apartara de un empujón, y eso fue antes de que yo lo llamara un jodido enfermo que necesitaba un bozal y un collar para su cuello".
"Jesús, Niko," suspiró Gideón, probablemente, en el otro extremo de la línea, pasándose la mano por el pelo rubio puntiagudo por la frustración. "¿De verdad tu le dijiste eso a él, un Gen Uno? Tu eres un maldito afortunado de que él no te hubiese arrancado la lengua antes de que te sacara de su camino."
Probablemente era cierto, Nikolai reconoció para sí mismo. Y él hubiese perdido más que sólo su lengua si Yakut supiera el tipo de deseos que él había estado sintiendo por Renata. "Tu sabes que yo soy alérgico a besar los culos, aun si el culo en cuestión resultara ser uno de un Gen Uno. Si esto era una misión de relaciones públicas completamente, ustedes escogieron a un mal tipo”.
"Ninguna mierda." Gideón se rió entre dientes alrededor de otra baja maldición. "¿Te regresas de nuevo a Boston, entonces?"
"No veo ninguna razón para quedarme. A no ser que tu calcules que Lucan observara hacia otro lado si yo decido volver y colocar una hoguera en la casa de los horrores de Yakut. Sacándolo del negocio, al menos por un tiempo."
El estaba bromeando... en su mayor parte. Pero el silencio de contestación de Gideón le dijo que su compañero guerrero sabía lo que estaba girando alrededor de la cabeza de Niko.
"Tu sabes que no puedes hacer nada por el estilo, mi hombre. Nada fuera de los límites". "Y no sirve esa mierda," murmuró Nikolai.
"Sí, eso es. Pero este tipo de cosas pertenecen a la Agencia de Imposición, no a nosotros”. "Te cuento cómo es Yakut de diferente de los Renegados que sacamos de las calles, Gid. Diablos, por lo que he visto de él, él es peor. Al menos los Renegados pueden culpar su salvajismo a la Sed de sangre. Yakut ni siquiera puede agarrarse a la adicción de sangre como excusa para cazar a esos humanos allí afuera. Él es un depredador, un asesino."
"Él está protegido," dijo Gideón, firmemente ahora. "Incluso si él no fuera un Gen Uno, el seguiría siendo un civil, todavía un miembro de la Raza. Nosotros no podemos tocarlo, Niko. No sin un montón de mierda que golpearía gravemente al partidario. Por lo tanto, lo que estés pensando, no lo hagas".
Nikolai exhalo bruscamente. "Olvídate de lo que dije. ¿A qué hora debería planear engancharme en un viaje de regreso a Boston esta noche?"
"Tendré que hacer un par de llamadas para presentar el plan de vuelo archivandolo en poco tiempo, pero el jet privado todavía sigue esperándote en el aeropuerto. Te puedo mandar un mensaje de texto con la hora una vez que lo tenga confirmada."
"Está bien. Me tranquilizare y esperare para salir."
"¿En dónde estás tú, de todos modos?"
Nikolai echo un vistazo al ataúd detrás de él, al otro frente a él, y a la urna de bronce que estaba acumulando el polvo en un pedestal contra la pared trasera del oscuro mausoleo. "He encontrado un pequeño lugar tranquilo para tomar un descanso en el extremo norte de la ciudad. Durmiendo con un muerto, de hecho. O con ellos, en todo caso".
"Hablando de muertos," dijo Gideón, "tenemos un informe de otro asesinato de un Gen Uno en el extranjero”.
"Cristo. ¿Seleccionando acabarlos como moscas, no es verdad?"
"O intentado hacerlo, desde la apariencia de ello. Según el desarrollo de Reichen del informe de Berlín. Conseguimos un correo electrónico de él que él ingresara mas tarde hoy con una actualización".
"Es bueno saber que tenemos ojos y oídos en los que podemos confiar por allí", dijo Niko. "Mierda, Gideon. Nunca habría imaginado que yo pudiera darle alguno uso a un Darkhaven civil, pero Andreas Reichen está demostrando ser un aliado muy bueno. ¿Tal vez Lucan debería reclutarlo oficialmente en la Orden?"
Gideón se rió entre dientes. "No creas que él no lo ha considerado. ¡Ay!, somos solamente una barcaza de medio tiempo para la jornada de Reichen. Él puede tener el alma de un guerrero, pero su corazón pertenece a su Darkhaven de Berlín."

Y a una cierta hembra humana, por lo que Nikolai entendía. Según Tegan y Río, los dos guerreros que habían pasado demasiado tiempo con Andreas Reichen en la Oficina Central de Berlín, el líder Alemán Darkhaven estaba románticamente involucrado con la dueña de un burdel llamada Helene.
Era inusual que un varón de la Raza pudiera tener más de un encuentro ocasional, o una breve relación con una mujer mortal, pero Niko no estaba a punto de cuestionarlo porque desde luego Helene también estaba resultando útil en la reunión de información para la Orden desde el extranjero.
"Entonces, escúchame," dijo Gideon. "Espera tranquilamente donde estás, y yo te avisare una vez que tenga la información de tu partida para esta noche. ¿Te suena bien? "
-“Sí. Tú sabes cómo encontrarme."
El murmullo de una voz femenina aterciopelada, suave por el sueño, fue llevada vagamente a través del receptor.
"¡Ah, infiernos, Gid. No me digas que estás en la cama con Savannah!”
"Yo lo estaba", respondió él, remarcando con fuerza en el tiempo pasado. "Ahora que ella está despierta, dice que se va a lanzar hacia una ducha caliente y una taza de café fuerte."
Nikolai gimió. "Mierda. Dile que lo siento por la interrupción".
"Oye, bebe," Gideón llamo a su amada compañera, unidos por el lazo de sangre hacia aproximadamente unos treinta y tantos años. "Niko dice que él lo siente por ser un bastardo tan grosero y por despertarte a estas horas tan inoportunas". "Gracias", murmuró Niko.
"Eres bienvenido".
"Me reportare contigo de nuevo desde el avión que me lleve a casa."
"Me parece bien," dijo Gideon. En ese momento, con Savannah colocada a un lado: "¿Oye, Amor?: Niko quiere que yo le diga que esta por colgar. Él dice que usted debe regresar a la cama y me permita a mí violarlo a él lentamente desde su inteligente y hermosa cabeza hasta sus deliciosos pequeños dedos de los pies." Nikolai se rió entre dientes. "Suena divertido. Pónganme en el altavoz para poder escuchar por lo menos."
Gideon resopló. "Ni lo pienses. Ella es toda mía."
"Bastardo egoísta", "arrastro las palabras Niko sarcásticamente. "Ya te veré más tarde." "Bien, hasta más tarde. ¿Y Niko sobre la situación de Yakut? En serio. ¿Ni se te ocurra pensar ser un vaquero, ok? Tenemos cuestiones más importantes con las que lidiar que tratar de acorralar a un Gen uno suelto. No es nuestra área, sobre todo no está bien ahora".
Cuando Niko inmediatamente no estuvo de acuerdo, Gideón se aclaró la garganta. "Tu silencio exactamente no me da una cálida tranquilidad, mi hombre. Necesito saber que tú me estás escuchando en esto."
"Sí", dijo Nikolai. "Estoy escuchándote. Te veré Boston más tarde esta noche."
Niko cerró su teléfono celular y lo deslizo de vuelta en su bolsillo.
Por mucho que le irritara pensar hacerse de la vista gorda hacia Yakut y sus enfermos actividades, él sabía que Gideón tenía razón. Lo que es más, él sabía que el líder de la Orden, Lucan, así como el resto de los guerreros en el complejo de Boston iban a decirle la misma cosa a él.
Olvídate de Sergei Yakut, al menos por el momento. Eso era lo mas sabio, la cosa más inteligente que podía hacer.
Y mientras él estaba en ello, sería prudente olvidarse completamente de Renata también. Ella tenía hecha su cama, después de todo. El hecho de que ella evidentemente la había hecho con una sádica sabandija como Sergei Yakut no era ningún asunto de Nikolai en absoluto. La hermosa, doncella de hielo Renata no era su problema, estaba bien alejado de ella.
Bien separado de todo el nido de víboras que él había descubierto en los dominios de Yakut.
Sólo unas pocas horas más para matar antes del anochecer, y entonces el podría dejar todo esto detrás de él.
* * * * * * * *
Ella nunca se había acostumbrado a dormir durante las horas de luz del día, no en los dos años completos que ella había estado viviendo al servicio de un vampiro. Renata estaba en su cama, inquieta, incapaz de relajarse y cerrar sus ojos ni siquiera por unos pocos minutos. Ella se revolvió y dio vuelta colocándose sobre su espalda dejando escapar un suspiro, con su mirada fija hacia arriba en las vigas de madera.
Pensando en el guerrero… Nikolai.
Él se había marchado desde hacia varias horas, hace casi medio día entero, pero aún ella todavía sentía el peso de su desprecio presionandose sobre ella. Odiaba que el hubiese visto a Yakut alimentándose de ella. Le había sido difícil fingir que no estaba avergonzada cuando el sostuvo su mirada desde el otro lado de la habitación. Ella había intentado no parecer afectada, desafiante. Aunque dentro de ella había estado temblando, su pulso martillando casi fuera de control.
Ella no hubiese querido que Nikolai la viera así. Aún peor que él hubiese ilustrado los brutales crímenes de Yakut y claramente sus pensamientos fueron a que ella era parte de ellos también. Ella no podía lograr extinguir, la acusatoria mirada que él le había proporcionado de su cabeza.
Eso era ridículo.
Nikolai era de la Raza, como Yakut. Él era un vampiro, al igual que Yakut. Como Yakuto, Nikolai tenía que alimentarse de humanos para sobrevivir. Incluso con su limitado conocimiento de la Raza, Renata sabía que el beber de seres humanos era la única forma en que la Raza podía obtener su alimento. No aprovechaban utilizar los amigables vampiros los bancos de sangre donde ellos podrían recoger un litro de O-negativo para el camino. No los animales depredadores en calidad de un sustituto de la verdadera cosa.
Sergei Yakut y todo el resto de la Raza compartían el mismo impulso de sed: la necesidad de los glóbulos rojos de los Homos Sapiens, tomados directamente de una vena abierta.
Ellos eran salvajes-letales que resultaban parecer humanos la mayor parte del tiempo, pero que en su corazón – o en su alma, si es que en ellos todavía existía un poco de su humanidad. ¿Por qué ella debería pensar que Nikolai era diferente de lo que la rodeaba a ella.
Pero él había parecido diferente, aunque fuera sólo un poco.
Cuando ella había discutido con él en la perrera-, cuando la había besado, por Dios bien- él en realidad había parecido notablemente muy diferente a los demás de su Estirpe que ella conocía. No como Yakut. Ni tampoco como Lex.

Que probablemente sólo demostraba que ella es una tonta.
Y que ella era débil también. Con que otra cosa se podía explicarse el desgarrador deseo que ella sentía hacia Nikolai ¿Èl la podría haber sacado fuera de este lugar cuando él se había marchado hoy?

Ella a menudo no se permitía caer en esperanzas vanas, o perder el tiempo imaginando cosas que nunca podrían llegar a pasar. Pero había habido un momento… un breve momento, egoísta cuando ella se imagino a sí misma arrancada de la presa irrompible de Sergei Yakut.
Por un instante sin restricciones, ella se pregunto qué podría tener ganas de hacer cuando estuviera libre de él, libre de todo lo que la mantenía allí… y eso se había sentido glorioso.
Avergonzada por sus pensamientos, Renata balanceo sus piernas hacia un lado de la cama para quedar sentada. Ella no podía quedarse allí durante un minuto más, no mientras su estuviera girando con pensamientos que no le haría ningún bien en absoluto.
La verdad del asunto era, que esta era su vida. El mundo de Yakut era su mundo, el recinto y sus muchos secretos grotescos eran su realidad inamovible. Ella no se compadecía a si misma, nunca lo había hecho. No en el orfanato del convento en todos aquellos años cuando era una niña, ni en el día en que ella fue arrojado de su casa con las Hermanas de la Benevolente Misericordia a la edad de catorce años y obligada a marcharse para siempre.
Ni aun en la noche, hacia únicamente dos veranos atrás, cuando ella fue arrancada de las calles en Montreal, y traída con un grupo de otras personas asustadas a los corrales de espera cerrados con llave en el granero dentro de la propiedad de Sergei Yakut.
Ella no había derramado ni una sola lagrima de auto-compasión en todo este tiempo. Ella estaba segura como el infierno que no estaba a punto de comenzar ahora.
Renata se levantó y salió de su modesta habitación. La casa principal estaba en silencio a esta hora, las pocas ventanas del lugar estaban cerradas completamente para desterrar los letales rayos del sol. Renata quitó la barra de hierro gruesa de la puerta exterior y salió andando hacia una gloriosa tarde de verano, cálida y brillante.
Ella se dirigió directamente al edificio de la perrera. Entre todo el drama que se había producido la última noche, tan solo con Nikolai y durante el tiempo después, ella se había olvidado completamente que sus laminas estaban afuera. Él negligente descuidado la molestaba. Ella nunca alejaba las dagas de su posesión. Ellos formaban parte de ella ahora, como lo habían sido el día en que las había tomado. "Estúpida, estúpida", se susurraba a sí misma mientras entraba en la antigua perrera y miró hacia el poste donde ella esperaba encontrar la lamina incrustada que ella había arrojado a Nikolai.
No estaba allí.
Un grito se deslizó por delante de sus labios, de incredulidad y de angustia.
¿Se había llevado el guerrero sus láminas para sí mismo? ¿Si él jodido se las había robado?
"Maldita sea. No"
Renata irrumpió a través del pasillo central del edificio… y entonces hizo una abrupta parada cuando ella llego a la parte posterior del lugar y sus ojos se posaron en el rollo grande de paja cerca del poste de madera con cicatrices.
Cuidadosamente doblado encima de ella y colocada perfectamente a lado del par de zapatos que ella había dejado atrás anoche estaba también la envoltura de seda y terciopelo que contenía sus dagas atesoradas. Ella lo tomo, sólo para tranquilizarse a sí misma de que la funda de tela no estaba vacía. Cuando sintió su peso familiar colocado en su palma - no pudo contener su sonrisa. Nikolai. Él había cuidado de las dagas por ella. Recogiéndolas, envolviéndolas, y dejándolas aquí para ella como si él supiera lo mucho que significaba para ella.
¿Por qué haría él esto? ¿Qué esperaba él que su bondad le comprara? ¿Pensaba en verdad que su confianza podría originarse tan fácilmente, o era justamente la espera de otra oportunidad de imponerse a él del mismo modo que lo había hecho con aquel beso?
Ella realmente no quería pensar en los besos de Nikolai. Si pensaba en su boca sobre la suya, entonces ella tendría que admitir para sí misma que como tan inesperado y sin invitación, había sido el beso a la fuerza era apenas culpable de que esto hubiese ocurrido.
Pero la verdad era, que ella lo había disfrutado.
Santa María, pero sólo de pensar en él ahora se encendía un calor lento, líquido en su corazón.
Ella había deseado más de él, a pesar de que cada instinto de supervivencia en su cuerpo le había estado gritando para que se alejase de él, y escapara rápidamente. Ella tenia hambre de él en ese momento y ahora. Quemando por él, en un lugar que ella había pensado que estaba completamente congelado y muerto. Y que la pequeña admisión que comento él acerca de lo dicho por Mira - la implicación de todo - en lo que él había visto en los ojos de la niña de alguna forma podría envolver a Renata y a él íntimamente juntos, era aún más inquietante. Gracias a Dios él se había ido.
Gracias a Dios que él nunca volvería probablemente después de lo que había descubierto aquí.
Había pasado mucho tiempo desde que Renata se hubiese puesto de rodillas a rezar. Ella no se arrodillaba ante nadie más, ni siquiera ante Yakut en su peor momento, pero ella inclinaba su cabeza ahora y le pedía el cielo mantuviese a Nikolai lejos de este lugar.
Lejos de ella.
Ya no estaba con ánimo para entrenarse, sobre todo cuando los recuerdos de lo que había pasado aquí anoche todavía estaban recientes y nadando sobre su cabeza, Renata tomo sus zapatos y caminó de regreso a la casa. Ella entró, moviendo la barra de la puerta, luego se dirigió al pasillo que conducía a su habitación y lo que esperaba era tener al menos algunas horas de sueño. Ella se dio cuenta de que había algo fuera de lugar, incluso antes de que notara que la puerta de Mira no tenía puesto el pestillo.
Ninguna luz estaba encendida en la habitación de la niña, pero ella estaba despierta. Renata escucho su suave voz en la oscuridad, quejándose de que tenía sueño y no quería levantarse. ¿Más pesadillas? Renata se pregunto, sintiendo una punzada de compasión por la niña. Pero entonces, otra voz siseo entre dientes sobre las protestas aturdidas de Mira, esta frío y áspera, cortada con impaciencia. "Deja de lloriquear y abre tus ojos, pequeña perra."
Renata presiono su mano contra la puerta artesonada y la empujo ampliamente. "¿Qué diablos piensas tu que estás haciendo, Lex?"
Él estaba inclinado sobre la cama de Mira, los hombros de la niña atrapados con un agarre hiriente. Su cabeza giró alrededor cuando Renata entró en la habitación, pero él no dejo ir a Mira. "Tengo necesidad del oráculo de mi padre. Y yo no estoy bajo las ordenes de usted, sea amable y lárguese de joder de aquí".
"Rennie, él me está haciendo daño en mis brazos". La voz de Mira era diminuta, atenazada por el dolor.
"Abre los ojos", Lex le gruñó a ella. "Entonces tal vez deje de hacerte daño".
"Quita tus manos de ella, Lex." Renata se paro al pie de la cama, con las láminas enfundadas con su peso tentador a su alcance. "Hazlo. Ahora”.
Lex se mofó. "No hasta que yo haya terminado con ella."
Cuando él le dio a Mira una sacudida fuerte, Renata soltó una ráfaga de furia mental. Era sólo un hilo de energía, sólo una fracción de lo que ella podía darle, pero Lex aulló, su cuerpo se sacudió como si él hubiera sido golpeado por unos pocos miles de voltios de electricidad. Se tambaleó hacia atrás, dejando caer a Mira y alejándose de la cama, plantado su culo en el suelo.
"¡Perra!" Sus ojos despedían fuego ámbar, sus pupilas fragmentadas fuertemente en su centro. "Yo debería matarte por esto. ¡Debería matar a la pequeña mocosa y a ti- a ambas!"
Renata lo golpeó de nuevo, otra pequeña muestra de agonía. Él se dejó caer, agarrándose la cabeza y gimiendo con la segunda ráfaga debilitante. Ella esperó, mirando como él trabajaba para juntarse en una postura desgarbada en el suelo. El no representaba ninguna amenaza para ella como estaba ahora, pero en algunas horas él estaría recuperado y ella iba a estar vulnerable. En ese momento ella podría tener una pequeña pena que pagar.
Pero por el momento, Mira ya no era del interés de Lex, y eso era todo lo que importaba. Lex la fulmino con la mirada cuando él se arrastró hasta sus pies. "¡Fuera de mí… camino… maldita… puta!"
Las palabras estaban sofocadas, farfulladas entre sus jadeos mientras él torpemente se dirigía hacia la puerta abierta. Cuando él estuvo fuera de vista, con sus pasos arrostrándose a lo largo del pasillo exterior, Renata fue a lado de la cama de Mira y la hizo callar suavemente.
"¿Estás bien, muchacha?"
Mira asintió. "No me gusta él, Rennie. Él me asusta."
"Lo sé, cariño." Renata presiono un beso en la frente de la niña. "Yo no voy a dejarlo que te haga daño. Estás a salvo conmigo. Esa es una promesa, ¿entendido?" Otro gesto de asentimiento, más débil esta vez mientras Mira dirigía hacia atrás la cabeza de regreso a la almohada y exhalaba un suspiro soñoliento. "¿Rennie?" –ella le preguntó en voz baja.
"Sí, ratón?"
"No me abandones nunca, ¿si?"
Renata se quedó mirando fijamente a la pequeña cara inocente en la oscuridad, sintiendo a su corazón oprimiese fuertemente en su pecho. "No voy a abandonarte, Mira. Jamás… justamente como lo prometimos"
CAPITULO NUEVE
Traducciòn Laura
La ciudad de Montreal, llamada así por el gran monte que permitía tales vistas desde el río Saint Lawrence y valle abajo, brillaba como un cuenco de gemas bajo la creciente rodaja de la luna. Elegantes rascacielos. Agujas de iglesias góticas. Avenidas ajardinadas y, en la distancia, un brillante lazo de agua que acurrucaba a la ciudad en su protector abrazo. Era verdaderamente una vista espectacular.
No había duda de por qué el líder del Darkhaven de Montreal había elegido establecer su comunidad cerca de la cima de Monte Real.

Estar de pie en el balcón del segundo piso de la mansión de estilo barroco hacía que la vieja cabaña de cazadores fuera de la ciudad pareciera estar a mil kilómetros de distancia. Mil años lejos de esta educada y civilizada manera de vivir. La cual, por supuesto, era.
La espera para reunirse con Edgar Fabien, el hombre de la raza que supervisó la población vampírica de Montreal, parecía durar una eternidad. Fabien era bien conocido en la ciudad y se rumoreaba que tenía muy Buenos contactos, dentro de los Darkhavens y su grupo de patrulla conocido como la Agencia de la Ley y Orden. El era la elección natural para una situación delicada como ésta. Aún así, era una apuesta que el líder del Darkhaven estaría dispuesto a cooperar. Esta visita tardía y sin anunciar había sido algo espontaneo, y muy arriesgado.
Solo viniendo aquí, el estaba declarándose enemigo de Sergei Yakut.
Pero el había visto suficiente.

Había soportado suficiente.

El príncipe estaba enfermo y cansado de lamer las botas de su padre. Era hora de que el rey tirano cayera.
Lex se giro ante el sonido de pisadas acercándose desde el interior de la recepción. Fabien era un hombre delgado, alto y meticulosamente vestido, como si hubiera nacido en su traje a medida y brillantes mocasines de piel. Su cabello rubio ceniza estaba enmarañado hacia atrás desde su rostro con algún tipo de aceite perfumado, y cuando sonrió a Lex a modo de saludo, sus delgados labios y estrechos rasgos faciales rapaces llegaron a ser incluso más severos.
"Alexei Yakut," dijo el, saliendo hacia el balcón y ofreciendo a Lex su mano. No menos de tres anillos centelleaban sobre sus largos dedos, oro y diamantes que rivalizaban con el brillo de la ciudad afuera. “Lamento haberte hecho esperar tanto. Me temo que no estamos acostumbrados a recibir invitados inesperados en mi residencia personal”.
Lex le dio un tenso asentimiento y apartó su mano de la de Fabien. La casa privada del líder Darkhaven no estaba exactamente yendo a aparecer en las guías de viaje de Montreal, pero unas pocas preguntas hechas a la gente correcta habían guiado a Lex allí sin muchos problemas. "Ven, por favor," dijo el hombre de la Raza, gesticulando hacia Lex para que le guiara al interior de la casa. Fabien se posó sobre un lujoso sofá, dejando espacio para Lex al otro lado. “Debo Admitir, que estaba sorprendido cuando mi secretaria me dijo quien había venido a verme. Una vergüenza que no tuvieramos la oportunidad de conocernos hasta ahora”.
Lex tomó asiento junto al hombre Darkhaven, incapaz de evitar que sus ojos viajaran por el interminable lujo de sus alrededores. “¿Pero sabes quién soy?” preguntó con cuidado a Fabien. “¿Sabes también sobre el Gen Uno, mi padre, Sergei Yakut?”
Fabien dio un dulce asentimiento. "Solo por el nombre, desgraciadamente. Soy negligente al no haber hecho presentaciones formales cuando llegasteis primero a mi ciudad. Sin embargo, los guardaespaldas de tu padre lo dejaron claro cuando mi emisario informó sobre una reunión que tu padre era una especie de ermitaño. Entiendo que el disfrute de una vida tranquila y rural fuera de la ciudad, en contacto con la naturaleza o similar”. Sobre los nudillos de sus dedos, la sonrisa de Fabien no alcanzó suficiente sus ojos. “Supongo que se dice algo de vivir con ese tipo de… simplicidad”.

Lex gruñó. “Mi padre eligió tal vida porque el cree en sí mismo por encima de la ley”.

“¿Perdón?”“Eso es por lo que estoy aquí” dijo Lex. “Tengo información. Información crítica que necesita ser interpretada rápidamente. Secretamente”.
Edgar Fabien se incline hacia atrás contra los cojines del sofa. “¿Ocurrió algo…fuera de la casa?”

“Ha estado ocurriendo durante largo tiempo”, Lex admitió, sintiendo un raro sentido de libertad mientras las palabras salían de su boca.
El contó todo a Fabien sobre las actividades ilegales de su padre, desde el club de sangre y el cementerio lleno de los restos de sus víctimas, hasta el asesinato frecuente y en consonancia de sus Subordinados humanos. Lex explicó, no totalmente sincero, como le había estado carcomiendo mantener este secreto durante largo tiempo y como era su propio sentido de la moralidad- su sentido del honor y respecto para la ley de la Raza- que le obligaba a buscar la ayuda de Fabien para detener el reino privado de terror de Sergei Yakut.
Era el entusiasmo- emoción en el fondo de su valentía- el que hacía temblar la voz de Lex, pero si Fabien lo tomaba como lamento, mucho mejor.
Fabien escuchó, su expresión cuidadosamente estudiada, sobria. “Entiendes, estoy seguro, que esto no es un pequeño asunto. Lo que tú has descrito es…problemático. Tan perturbador. Pero habría ciertos factores que vendrán en juego sobre este tipo de investigación. Tu padres es un Gen Uno. Habrá preguntas que él tendrá que responder, protocolos que necesitarán ser observados.”
“¿Investigación? ¿Protocolo?” dijo indignado Lex. El saltó de sus pies, inundado de miedo e ira. “Eso tomará días o incluso semanas. ¡Un jodido mes!”
Fabien asintió disculpándose. "Podría ser, sí."
"¡No hay tiempo para eso ahora! ¿No lo entiendes? Te estoy ofreciendo a mi padre en bandeja –todas las pruebas que necesitarás para un arresto inmediato están allí en su propiedad. ¡Por el amor de Dios, estoy arriesgando mi maldita vida solo por estar aquí!”

“Lo siento”. El lider Darkhaven sostenía sus manos. “Si la situación no es comoda para ti, estaríamos más que dispuestos a ofrecerte protección. La Agencia podría alejarte una vez la investigación comience, llevarte a algún lugar seguro.”
La afilada risa de Lex le cortó. “¿Me envías al exilio? Estaré muerto mucho antes. Además, no estoy interesado en irme y ocultarme como un perro apaleado. Quiero lo que merezco. Quiero lo que se me debe, después de todos estos años de espera por limosnas de ese bastardo.” Era imposible enmascarar sus verdaderos sentimientos ahora. La ira de Lex había llenado el vaso por completo. “¿Quieres saber lo que realmente quiero de Sergei Yakut? Su muerte”.

La Mirada de Fabien se estrechó astutamente. “Esa es una conversación muy peligrosa”.
“No soy el unico que lo piensa” contestó Lex. “De hecho, alguien tuvo las suficientes pelotas para intentarlo justo la semana pasada”.
Más y más estrechos iban esos astutos y pequeños ojos. “¿Qué quieres decir?”
“El fue atacado. Un asaltante robó en la casa y trató de cortarle la cabeza con un cable, pero al final falló. Maldita suerte” Lex añadió bajito. “La Orden piensa que es trabajo de un profesional.”
“La Orden”, repitió Fabien sin aire. “¿Cómo están envueltos en algo de lo que has descrito?”
“Enviaron a un guerrero anoche para reunirse con mi padre. Aparentemente están intentando avisar a los Gen Uno sobre las recientes cacerías entre la población.”La boca de Fabien trabajó un segundo sin formar palabras, como si no estuviera seguro de que pregunta formular primero. Aclaró su garganta. “¿Hay un guerrero aquí en Montreal? ¿Y qué es eso de cacerías recientes? ¿De qué estás hablando?”
“Cinco Gen Uno muertos, entre Norte america y Europa” dijo Lex, recordando lo que Nikolai le había dicho. “Alguien parece querer eliminar la primera generación, uno a uno”.

“Dios mío”. La cara de Fabien era el vivo retrato de la sorpresa, pero algo en el preocupaba a Lex.

“¿No sabías nada sobre los asesinatos?”

Fabien se levantó lentamente, agitó su cabeza. “Estoy aturdido, te lo aseguro. No tenía ni idea. Que horrible”.

“Quizás. Quizás no”, puntualizó Lex.

Mientras miraba al líder Darkhaven, Lex se dio cuenta que una súbita tranquilidad se cernía sobre el vampiro- así que aún así el tenía que preguntarse si Fabien respiraba. Había un tenue pero elevado pánico en sus ojos rapaces. Edgar Fabien sostenía su cuerpo con rígida precisión, pero desde la apariencia en su Mirada cambiante, el miraba como si quisiera salir disparado de la habitación.

Que intrigante.

“Sabes, habría esperado que estuvieras mejor informado, Fabien. Tu reputación en la ciudad te precede como el jugador. Con todos tus amigos policías, ¿tratas de decirme que ninguno de ellos te lo dijo? Quizás no confían en ti, ¿eh? Quizás tienen una buena razón”.

Ahora Fabien se encontró con la Mirada de Lex. Centelleos ámbar iluminaron sus iris, una señal reveladora de un nervio pinchado. “¿Qué tipo de juego estás intentando jugar conmigo?”

“Al tuyo” dijo Lex, sintiendo una oportunidad y saltando sobre ella. “Sabes sobre las cacerías de Gen Uno. La cuestión es, ¿por qué me mientes sobre ello?”

“No discuto públicamente asuntos policiales” Fabien escupió su contestación, inflando su delgado pecho con propia indignación. “Lo que se o no se es asunto mío”.
“Sabías sobre el ataque de mi padre antes de que lo mencionara, ¿no es así? ¿Fuiste tú el único que pidió su muerte? ¿Qué hay sobre los otros que han sido asesinados?”
“Cielos, estas loco”.

“Quisiera estarlo”, dijo Lex. “Cualquier confabulación en la que estés envuelto, Fabien, yo también quiero estar”.

El líder Darkhaven expulsó su respiración bruscamente, después le dio la espalda a Lex mientras caminaba hacia una de las altas estanterías edificadas en la pared color plata. El acarició con su mano la Madera pulida, riéndose ociosamente. “Como nuestra conversación ha sido iluminadora y entretenida, Alexei, quizás debería terminar aquí. Creo que es mejor que te vayas y te calmes antes de decir alguna tontería más”.

Lex avanzó hacia adelante, decidido a convencer a Fabien de que merecía la pena. “Si Le quieres muerto, estoy dispuesto a ayudarte a conseguirlo”.

“Insensato” vino como respuesta siseada. “Puedo chascar mis dedos y tenerte bajo sospecha de intento de asesinato. Puedo aún así, pero ahora mismo vas a irte y ninguno de nosotros dirá otra palabra de esta conversación.”

La puerta de la recepción se abrió y cuatro hombres entraron. Al asentimiento de Fabien, el grupo rodeo a Lex. Sin elección, se fue.

“Estaré en contacto” dijo a Edgar Fabien enseñando sus dientes. “Puedes contar con ello”.

Fabien no dijo nada, pero su astuta Mirada permaneció fijada sobre Lex con severo entendimiento mientras el caminaba hacia las puertas de recepción y las cerraba tenso.
Una vez que Lex estuvo afuera en la calle y solo, su mente comenzó a barajar sus opciones. Fabien era corrupto. Que sorprendente y seguro sería alguna información útil. Con un poco de suerte, no pasaría mucho tiempo antes de que las conexiones de Fabien fueran las suyas también. El no se preocupó particularmente sobre como tendría que conseguirlas.
El alzó la vista hacia la bonita mansión Darkhaven y todo su inmaculado lujo. Esto era lo que el quería. Este tipo de vida por encima de la mugre y la degradación que el habia conocido bajo el tacón de la bota de su padre. Esto era lo que el verdaderamente merecía.

Pero primero necesitaría ensuciarse las manos, si solo fuera una ultima vez.
Lex caminó a lo largo de la serpenteante carretera con arboledas a los lados y se dirigió hacia la ciudad con objetivos renovados.
CAPÍTULO OCHO
Traducido por Aletse
Nikolai tomo una de las dagas sueltas de Renata del poste grueso de madera donde ella las había lanzado. Tenía que darle crédito, su objetivo hubiese estado muerto. Si él hubiera sido simplemente un humano, no de la Raza, la condenación de los reflejos lentos de los seres humanos, con el entrenamiento de Renata lo hubiesen convertido seguramente en brochetas para asar.
Él se rió entre dientes al colocar la lámina en su envoltura elegante con las otras tres del juego. Las armas eran hermosas, elegantes y perfectamente equilibradas, obviamente, hechas a mano. Niko dejó que su mirada fija vagara sobre el labrado esculpido de las empuñaduras de plata esterlina. El patrón parecía ser un jardín de vides y flores, pero cuando las miro más de cerca, se dio cuenta de que cada una de las cuatro láminas también contenían una sola palabra grabada con amor dentro de su diseño ornamentado: Fe. Coraje. Honor. Sacrificio.
¿El credo de un guerrero? , él se preguntó. ¿O eran ellos los principios de la disciplina personal de Renata en cambio?
Nikolai pensó en el beso que ellos habían compartido. Bueno, al decir que ellos lo habían compartido era un tanto presuntuoso, teniendo en cuenta cómo él había descendido sobre su boca con toda la delicadeza de un tren de carga. Él no había tenido la intención de besarla. Sí, ¿y a quién simplemente estaba tratando de engañar? Él no podría haberse detenido a sí mismo de hacerlo si lo hubiera intentado. No que fuese una excusa. Y no es que Renata le hubiese dado cualquier posibilidad para hurgar o pensar en alguna excusa o disculpa.
Niko aún podía ver el horror en sus ojos, la inesperada pero obvia repulsión por lo que él había hecho. Todavía podía sentir la sinceridad de su amenaza que pronunció justo antes de que ella tempestuosamente saliera fuera del edificio.
La parte abollada de su ego trataba de calmarlo con la posibilidad de que tal vez ella realmente despreciara a todos machos en general. O que tal vez ella era tan fría como Lex parecía pensar, un soldado asexuado, frígida que justamente resultaba tener la cara de un ángel y un cuerpo que conducía a su mente a toda clase de pecados. Demasiados pecados, cada uno más tentador y atractivo que el anterior.
Nikolai tenía un encanto fácil cuando se trataba de mujeres, no era simple alarde, sino una conclusión a la que él había llegado basado en los años de experiencia. Cuando se trataba de mujeres, disfrutaba tranquilamente, de las conquistas sin complicaciones que entre más temporales mejor. La persecución y las luchas eran divertidas, pero lo mejor lo reservaba para el combate verdadero, en batallas sangrientas, con vampiros Renegados y otros enemigos de la Orden. Esos eran los desafíos que él disfrutaba más.
Entonces, ¿por qué él estaba luchando contra este impulso perverso de ir tras Renata ahora y ver si él no podía descongelar parte del hielo que la cubría a ella?
Porque él era un idiota, por eso. Un idiota con una furia peligrosa – y - un aparente deseo mortal.
Tiempo para conseguir regresar sus ojos en la condenada pelota. No importaba lo que su cuerpo le estuviese diciendo - no más de lo que importaba de lo que él vio en la mirada Mira. Él tenía un trabajo que hacer, una misión de la Orden, y eso era la única razón por la que estaba aquí.
Niko cuidadosamente envolvió las dagas de Renata en su estuche de seda y terciopelo y coloco el pequeño bulto en el fardo de paja para esperar por el regreso de ellos y por sus zapatos desechados.
Él abandono el edificio de la perrera y se dirigió a la oscuridad para acumular información de las tierras de la mansión. Una media luna colgaba en lo alto del cielo de la noche, velada por un puñado fino delgado, de nubes grises como el carbón. La brisa de medianoche era cálida, cerniéndose suavemente a través de los pinos altos y robles espinosos de los bosques circundantes. Los aromas se mezclaban en que el aire húmedo del verano: el sabor fuerte de la resina de pino, el sello mohoso del suelo protegido del sol y el musgo, la nitidez de los minerales que rodaban por el agua dulce, en la corriente que evidentemente atravesaba a través de la propiedad no lejos de donde estaba Niko.
Nada inesperado. Nada fuera de lugar.
Hasta que...
Nikolai levanto su barbilla e inclino la cabeza ligeramente hacia el oeste. Algo muy inesperado entro a la deriva a través en sus sentidos. Algo que no podía, no debería, encontrase aquí.
Era la muerte lo que olía ahora.
Sutil, vieja… pero cierta.
Él corrió hacia la dirección que su nariz lo conducía. Más profundo en el bosque. Unos cien metros de distancia de la mansión, la espesura surgió bruscamente. Niko redujo su marcha cuando él llegó al lugar donde sus fosas nasales comenzaban a arder con el hedor envejecido de la descomposición. A sus pies, el suelo estaba esparcido con hojas, enredado por vides que caían lejos por el barranco escarpado.
Nikolai miró hacia abajo por la hendidura, enfermando, incluso ante de que sus ojos se posaran en la carnicería.
"Infierno Santo", murmuró él, bajo su aliento.
Una fosa de muerte se encontraba en el fondo del barranco. Esqueletos de restos humanos. Docenas de cuerpos, sin enterrar, olvidados, simplemente vertidos uno encima de otro, como si fueran basura. Tantos, que tomaría demasiado tiempo para contarlos a todos ellos. Adultos. Niños pequeños. Una masacre que no mostraba ninguna discriminación o misericordia a sus víctimas. Una masacre que podría haber llevado años conseguir.
La pila de huesos blancos brillaba bajo la escasa luz de la luna, las piernas y brazos enredados juntos donde quiera que lo muertos hubiesen caído, cráneos mirando hacia él, con las bocas abiertas en macabros gritos, silenciosos. Nikolai había visto suficiente. Él retrocedió del borde del barranco mientras silbaba otra maldición en la oscuridad. "¿Qué coños ha estado sucediendo aquí?"
En sus entrañas, él lo sabía.
Jesucristo, no había mucho margen para la duda.
Un Club de sangre.
La furia y la repugnancia rodaban a través de él en una onda negra. Él tuvo por un instante, el deseo abrumador de rasgar los miembros de cada vampiro implicado en violar la ley, asesinatos al por mayor de estas personas. No es que él tuviera ese derecho, incluso como un miembro guerrero de la Orden. Él y sus hermanos no tenían a muchos amigos entre las ramas gobernantes de la raza, y mucho menos a la Agencia de Control, que actuaban tanto como policías como políticos responsables de las poblaciones de vampiros en general. Ellos pensaban que la Orden y los guerreros que la servían estaban por encima de la sociedad civilizada. Vigilantes y militantes. Perros salvajes que solo deseaban una excusa para hacerla caer.
Nikolai sabía que él estaba fuera de los límites en esto, pero eso no hacia que el anhelo de prescindir su propia marca de justicia se hiciera menos tentador.
A pesar de que él bullera con el ultraje y la indignación, Niko necesitaba así mismo calmarse. Su furia no ayudaría a ninguna de las vidas que estaban desparramadas allá abajo. Demasiado tarde para ellos. No se podía hacer, salvo mostrarles algún poco de respeto, algo que les había sido negado incluso después de la muerte.
Solemnemente ahora, aunque fuera sólo por unos momentos necesarios, Nikolai se arrodilló en la orilla afilada de la caída del profundo barranco. Él extendió ampliamente sus brazos anchos, invocando el poder luminoso que estaba dentro de él, un talento de la raza que se encontraba únicamente en él, y que en su línea de trabajo en particular, le era de poca utilidad. Sentía el poder encenderse en su interior cuando él lo invoco. El poder se volvió en energía y luz, propagándose a través de sus hombros y hacia abajo en sus brazos, luego en sus manos, esferas gemelas que brillaba debajo de la piel en el centro de las palmas de sus manos.
Nikolai toco con sus dedos la tierra a cada lado de él.
Las vides y zarzas se agitaban a su alrededor en respuesta, zarcillos verdes y pequeñas flores silvestres del bosque se despertaron arriba de el haciendo movimientos. Todo ello aumentando cada vez más en acelerada velocidad. Niko envió los brotes que estaban retoñando hacia el barranco, luego se puso de pie para ver como los muertos estaban siendo cubiertos por un manto de suaves hojas nuevas y flores.
Como un rito funerario, no era mucho, pero era todo lo que èl tenía que ofrecer a las almas que se habían dejado allí para pudrirse a la intemperie.
"Descansen en paz", murmuró él.
Cuando el último hueso estuvo cubierto, él se dirigió hacia la mansión en un áspero clip. El granero de almacenamiento en el que él había olfateado la sangre antes ahora captó su atención.
Sólo para confirmar sus sospechas, Niko vigilo por encima y movió el cerrojo suelto. Él abrió la puerta, y miró dentro. El granero estaba vacío, tal como Lex le había dicho. Pero nuevamente otra vez, las jaulas de acero construidas en el interior no habían sido hechas para ningún tipo de almacenamiento permanente. Eran altas plumas, celdas de prisión con cerrojos diseñadas para los prisioneros humanos con el carácter de contención temporal.
Juguetes vivos para ser puestos en libertad para el deporte ilegal aquí en el remoto bosque que Sergei Yakut dominaba.
Con un gruñido, Nikolai salió del granero y se marchó a la casa principal.
"¿Dónde está él?" - preguntó al guardia armado que percibió la atención al instante que atravesó por la puerta. "¿Dónde demonios está él? ¡Dímelo ahora!"
Él no espero por una respuesta. No cuando los otros dos guardias, ambos al corriente que estaban a fuera de una puerta cerrada del gran pasillo, tomaron una postura de batalla repentina. Detrás de ellos, estaban los aposentos privados de Yakutia, obviamente.
Nikolai asalto y empujó a uno de los steakheads de su camino. Él otro tenia un rifle a su alrededor y comenzó a apuntarlo hacia él. Niko rompió el arma en la cara del guardia, y entonces lanzó al vampiro anonado a la pared más próxima.
Él le dio un puntapié a la puerta, astillando los postes de madera vieja y rompiendo el dispositivo engrasado de hierro arrancándolo limpiamente de sus aditamentos. Nikolai camino a grandes zancadas a través de los escombros de la ducha, haciendo caso omiso a los gritos de los hombres de Yakut. Él encontró en el centro al Gen Uno vestido adelante de un sofá de cuero, tendido posesivamente sobre la garganta desnuda de una hembra de cabellos morenos que estaba enjaulada dentro de los brazos del vampiro.
Con la interrupción, Yakut levantó la cabeza de su alimentación y alzo la vista. También lo hizo su anfitriona de sangre…

Renata. De ninguna manera mierda.
¿Ella estaba unida con el lazo de sangre? ¿Podría ser ella posiblemente la compañera de Raza de este monstruo?
Todas las acusaciones que Nikolai tenía preparadas para lanzar a Sergio Yakut tuvieron una muerte repentina en su garganta. Él se quedo mirando fijamente, con sus sentidos de la Raza enturbiados y trinquteados más despiertos al ver la sangre de la hembra en los labios de Yakut y que goteaba de sus enormes colmillos. El aroma de ella llevado a través de la habitación, se cerró con fuerza en el cerebro de Niko. Él no habría esperaba un contraste tan extraño al de su conducta frio, pero el aroma de su sangre era una mezcla caliente, embriagadora e intoxicante de sándalo y la fresca lluvia de primavera. Suave, femenino. Excitante.

El hambre se arremango en el estómago de Nikolai, una reacción visceral con la cual él tenía que luchar maldita duramente para contenerla. Él se dijo así mismo que era simplemente su naturaleza de la Raza sobresaliendo en grandes alturas. Había pocos entre los de su estirpe que podían resistirse a la llamada de sirena de una vena abierta, pero cuando sus ojos se cerraron en la mirada fija sin pestañear de Renata a través de la distancia, un nuevo calor estalló a la vida dentro de él. Incluso más fuerte que la primitiva sed de alimentarse.
Él la deseaba a ella.
Incluso mientras estaba acostada debajo de otro macho, permitiéndole al macho beber de ella, Nikolai tenía hambre de ella con una ferocidad que lo sobrecogió. Unida por la sangre a otro o no, Renata hacia a Niko quemarse por tenerla.
Que, aun con su propio flexible código de honor, sintió deslizarse algo cercano al nivel del desprecio por Yakut.
Niko tenía mentalmente que sacudirse a mi mismo para desprenderse de esa la realización perturbadora, jalando bruscamente su atención a los problemas que tenia a la mano.
"Usted tiene un serio problema ", le dijo dijo èl al vampiro Gen Uno, apenas capaz de contener su desprecio. "En realidad, supongo que usted tiene aproximadamente tres docenas de ellos, pudriéndose ahí en su bosque. "
Yakutia no dijo nada, solo el resplandor de su transformada, mirada oscura a una de ámbar de desafío. Un gruñido bajo se ondulo por él antes de que volviera la cabeza hacia su comida interrumpida. La lengua de Yakut se deslizó de entre medio de sus labios para lamer los pinchazos que había dejado en el cuello de Renata, sellando las heridas cerrándolas.
Sólo entonces, cuando la lengua de Yakut recorrió su piel, ella aparto la mirada de Niko. Él creyó ver alguna tranquilidad, algo de resignación, pasar a través de su rostro en los segundos antes de que Yakut se levantara y la liberara. Una vez libre, Renata se trasladó a la esquina de la habitación, tirando de su camisa ceñida de vuelta a una cierta apariencia de orden.
Ella todavía estaba vestida con su ropa de antes, aún descalza, como lo había estado afuera.
Ella debió de haber venido directamente aquí después de lo que había pasado entre Niko y ella.
¿Había corrido ella hacia Yakut por protección? O por simple comodidad?
Jesús. Niko se sintió al igual que un asno cuando él reflexiono por besarla en la forma en que el lo hizo. Si ella estaba unida por la sangre a Sergei Yakut, esa unión era sagrada, íntima… exclusiva. No le extrañaba que ella hubiese reaccionado como lo había hecho. Sus besos de Nikolai habrían sido un insulto y la degradación para ambos. Pero él no estaba allí para pedir disculpas ahora – no a Renata o a su aparente compañero.
Nikolai dirigió una mirada dura hacia el vampiro. "¿Cuánto tiempo usted ha estado cazando seres humanos, Yakut?"
El Gen Uno gruñó, sonriendo.
"He encontrado los corrales de detención en el granero. He encontrado los cuerpos. Hombres, mujeres… niños".
Nikolai silbó una maldición, incapaz de contener su repugnancia e indignación. "Usted ha estado dirigiendo un Club de sangre nocivo aquí. Por el aspecto de ellos, yo diría que usted ha estado en esto durante años”.
"¿Y qué de ello?" Yakut preguntó despreocupadamente. Sin ni siquiera haciendo un intento de mostrar una situación respetable negación.
Y en la esquina de la habitación, Renata permaneció en silencio, con los ojos profundamente arraigados en Niko pero no mostrando ninguna sorpresa en absoluto. ¡Ah, Cristo! Entonces, ella lo sabía también
"¡Maldito enfermo," èl dijo, mirando de nuevo a Yakuto ahora. "Todos ustedes están enfermos. A usted no se le permitirá continuar con esto. Lo detiene aquí mismo, ahora. Hay leyes…"
El Gen Uno se rió, con la voz deformada por la transformación de su lado más salvaje. "Yo soy la ley aquí, muchacho. Nadie, no los Darkhavens y su tan alabada Agencia de Imposición, ni siquiera la Orden - tiene algo que decir en mis asuntos. Invito a cualquier a venir aquí e intentar decirme lo contrario."
La amenaza era clara. A pesar del hecho de que todo lo honorable y justo gritaba a Nikolai para que lanzara al presumido hijo de puta sus miembros volando, declarándose a matarlo, aunque este no fuera ningún vampiro común. Sergei Yakuto era un Gen Uno. No sólo dotado de fuerza y poderes inmensamente mayores a los de Niko o cualquier otra posterior generación de la Raza, excepto por los miembros de la rara Estirpe de individuos. De esos, solo había unos pocos en existencia de Gen Unos, menos aún todavía, a raíz de la erupción de los recientes asesinatos.
Tan repugnante como la práctica ilegal de los clubes de Sangre entre la sociedad de la Raza, estaba el intento de matar a un vampiro de primera generación la cual era una ofensa aún más grande.
Nikolai no podía levantar la mano contra el hijo de puta, no importa lo mal que él lo deseaba.
Y Yakut lo sabía como mucho. Él se limpió la boca con el borde de su túnica oscura, frotándose ligeramente la fragancia dulce de la sangre de Renata.
"La cacería está en nuestra naturaleza, muchacho." La voz de Yakut tenía una serenidad mortal, completamente llena de confianza, mientras avanzaba hacia Nikolai. "Usted es joven, nacido de la Estirpe más débil de algunos de nosotros. Tal vez tu sangre este tan diluida con la de la humanidad, tu simplemente no puede comprender la necesidad, en su forma más pura. Puede que si tu tuvieses el gusto de la cacería, fueras menos hipócrita y santurrón con aquellos de nosotros que preferimos vivir como figuraba que tenia que ser."

Niko le dirigió una sacudida lenta con su cabeza. "Los clubes de sangre no son cacería. Ellos son simplemente una matanza. Usted puede sacar y decir sus gilipolleces no importando cuanto usted lo desee, pero al final, sigue siendo una mierda. Eres un animal. Lo que usted realmente necesita es un bozal y un collar para el cuello. Alguien tiene que cesarte."
¿Y tu piensas que tú o la Orden realizaran esa tarea? "
"¿Piensa usted que nosotros no lo haremos?" lo desafío Niko, cierta parte temeraria de él esperando que el Gen Uno le diera una razón para sacar sus armas. Él no se imaginaba marchándose fuera de la confrontación con el antiguo vampiro, pero seguro como el infierno que el no se iría sin una maldita viciosa pelea. En cambio, Yakut retrocedió hacia atrás, con sus ojos de color ámbar brillante, sus elípticas pupilas diminutas astilladas de negro. Él mentón con barba se elevo, la cabeza se irguió completamente hacia un lado. Sus labios se separaron con una salvaje, sonrisa que exponía sus colmillos. De esta manera, no era difícil para todos observar la parte alienígena de él- la parte que lo hacían a él y a todo el resto de la Raza lo que ellos eran: depredadores que beben sangre que totalmente no pertenecen a este mundo mortal pero que nacieron en este mundo.
"Te dije una vez tu no eras bienvenido en mis dominios, guerrero. No tengo ninguna utilidad para ti, o para tu propuesta de alianza con la Orden. Mi paciencia está llegando a su limite, y también lo es su estancia aquí."
"Sí," Niko estuvo de acuerdo. "Yo me jodo por irme de este lugar, y con mucho gusto. Pero no piense que esta es la última vez que usted va a tener noticias de mí". Él no podía dejar de pasar la mirada en Renata como él lo dijo. Aunque desafiante cuando se encontró con Yakut, él no podía sentir la misma clase de furia por ella. Él esperaba que ella le dijera que no sabía sobre los crímenes que tenían lugar en este pedazo de tierra empapada de sangre. Él deseaba que ella le dijera cualquier cosa para convencerlo de que no era en realidad parte del juego que conocía de las prácticas enfermas de Yakut.
Ella simplemente llevo su mirada hacia atrás, con los brazos cruzados sobre el pecho. Una mano se elevo hacia arriba ociosamente para tocar la herida que estaba curándose en su cuello, pero ella permaneció en silencio.
Vigilándolo cuando Nikolai salió por la puerta abierta y por delante de la aturdida guardia de Yakut.
* * * * * *
“Devuélvanle sus efectos personales al Guerrero y vean que deje la propiedad sin incidentes", Yakutia encargó al par de hombres armados que se encontraban afuera de su cámara privada.
Cuando los dos salieron para llevar a cabo la orden, Renata comenzó a seguirlos después. Alguna desquiciada parte de ella deseaba poder ser capaz de agarrar a Nikolai en privado y…
¿Y qué?
¿Explicarle la verdad de cómo eran las cosas para ella aquí? ¿Intentar justificar las acciones que ella había visto forzada a hacer?
¿Con qué fin?
Nikolai se marchaba. Él nunca tendría que volver a este lugar, mientras que ella estaría aquí hasta su último aliento. ¿Qué bien podría hacerle en explicar de algo de esto a él, un desconocido que probablemente no la entendería, y mucho menos la protegería?
Y, sin embargo, los pies de Renata siguieron moviéndose.
Ella ni siquiera llego hasta la puerta. La mano de Yakut se cerró fuertemente sobre su muñeca, sujetándosela a su espalda.
"Tú no, Renata. Usted se queda".
Ella lo recorrió con la mirada con una expresión que esperaba estuviese desprovista de la ansiedad y las náuseas que estaba tratando tan duramente de apisonar abajo. "Pensé que habíamos terminado aquí. Pensé que tal vez yo debería ir junto con los demás, sólo para asegurarme de que el guerrero no se decide a hacer nada estúpido en su camino fuera de la propiedad ". "Tu te quedarás". La sonrisa de Yakut la heló hasta los huesos. "Ándate con cuidado, Renata. No me gustaría que tú hicieras nada estúpido tampoco”.
Ella se tragó el nudo repentino de ansiedad frío de su garganta. "¿Perdón?"
“Usted puede encontrarse" le contesto él, cerrando el agarre herméticamente en su brazo. "Tus emociones te traicionan, hermosura. Puedo sentir el aumento de tu frecuencia cardíaca, el muro de adrenalina que atraviesa corriendo por tus venas ahora mismo. Sentí el cambio en ti desde el momento en que el guerrero entró en la habitación. Lo sentí antes también. Con cuidado dime ¿donde estuviste tu esta noche?” "Entrenándome", respondió ella, rápidamente, pero con firmeza. Para no darle ninguna razón para dudar de ella, ya que era esencialmente la verdad. "Antes de que usted enviase a Lex a buscar por mí, yo estaba afuera, ejecutando mis ejercicios de entrenamiento en la antigua perrera. Era una imposición de entrenamiento. Si usted sintió algo en mí, eso es todo lo que era".
Un silencio largo se extendió, y todavía con el agarre rígido adherido encima de su muñeca. "¿Tu sabes lo mucho que valoro la lealtad, ¿no es así, Renata?" Ella realizo una breve inclinación de cabeza.
"La valoro tanto como usted valora la vida de aquella niña que duerme en la otra habitación ", dijo él fríamente."Pienso que esta duda la destruiría a ella pudiendo terminar en el cementerio".

La sangre de Renata se sintió congelarse en sus venas con la amenaza. Ella miró fijamente hacia arriba a los malignos ojos de un monstruo, uno que le sonreía abiertamente a ella ahora con un placer enfermizo.
"Como he dicho, querida Renata. Ándese con mucho cuidado."
CAPITULO SIETE
Traducido por Laura


Alexei había estado esperando más de diez minutos fuera de las habitaciones privadas de su padre, su solicitud para una audiencia no daba más consideración que la de cualquiera de los otros guardas de seguridad de Yakut. La falta de respeto – la flagrante indiferencia - no durante mucho tiempo le escocía como le ocurrió la otra vez. El se había movido de ese pasado amargo e inútil de hace años, a favor de cosas mas productivas.

Oh, en el foso mas profundo del estomago de Lex el todavía ardía por saber que su padre-su único pariente vivo- podía pensar aunque solo fuera un poco en el, pero el calor del constante y patente rechazo había llegado de alguna forma a ser menos doloroso. Era así simplemente como eran las cosas. Y Lex era más fuerte por eso, de hecho. El era igual que su padre de maneras que ni el viejo bastardo podia nunca imaginar, caminando encorvado y solo para admitirlo.
Pero Lex conocía sus propias capacidades. El sabía sus propias fortalezas. El sabia sin ninguna duda que el podía ser mucho mas de lo que el era ahora, y anhelaba la oportunidad de demostrarlo. A el mismo y, si, al hijo de puta que lo engendró también.
La muesca del metal cogió la onda mientras la puerta finalmente abierta hizo que los pies de Lex se detuvieran. “Justo a tiempo” le gruñó èl al guarda que se puso a su lado para dejarle entrar.
La habitación estaba a oscuras, iluminada solo por el brillo de los leños que ardían en la enorme chimenea de piedra en la pared opuesta. La casa estaba conectada con electricidad, pero era raramente utilizada –no había necesidad real para alas luces cuando Sergei Yakut y el resto de la Raza tenía extraordinaria visión, especialmente en la oscuridad.
Los otros sentidos de la Raza eran también bastante agudos, pero Lex sospechaba que incluso un humano estaría en apuros de echar de menos los olores combinados de sangre y sexo que se fundían con el olor acido del humo de la chimenea.
“Perdonen por interrumpir” murmuró Lex, mientras su padre salía de una habitación anexa.
Yakut estaba desnudo, su pene todavía parcialmente erecto, su rubicunda longitud inclinándose obscenamente con cada movimiento. Asqueado por la vista, Lex parpadeó, y desvió la mirada. El rápidamente pensó mejor en ello, rechazando a dar un débil impulso que estaba seguro seria tenido en cuenta contra el. En vez de eso el miró a su padre entrar en la habitación, los ojos del viejo vampiro brillaban como carbones ámbar colocados en el fondo de su cráneo, con sus pupilas reducidas a estrechas y verticales rendijas en su centro. Sus colmillos eran enormes en su boca, puestos completamente extendidos y afilados como cuchillas. Una pantalla de sudor abrigaba el cuerpo de Yakut, cada pulgada de el lívida de color desde los colores latentes de sus dermaglifos, las únicas marcas de su piel de la Raza que se extendían desde la garganta a los tobillos de los Gen Uno. Sangre fresca- inequívocamente humana, todavía débil l- suficiente aroma para indicar el origen de un Subordinado- manchaba todo su torso y costados. Lex no estaba sorprendido por la evidencia de la reciente actividad de su padre, ni por el hecho de que el trío de voces apagadas en la otra habitación fueran las de su actual grupo de esclavas humanas. Crear y mantener subordinados, algo que solo las estirpes más puras y poderosas de la raza eran capaces de hacer, había sido durante largo tiempo una practica ilegal entre la educada sociedad de la Raza. Sin embargo, así era al menos entre las fracciones de Sergei Yakut. El hacía sus propias reglas, dispensaba su propia justicia, y aquí, en este lugar remoto, el dejaba claro a todos que el era el rey. Incluso Alex podía apreciar ese tipo de libertad y poder. Demonios, el podía prácticamente saborearlo.
Yakut le dirigió una Mirada desdeñosa desde el otro lado de la habitación. “Te miro y veo la muerte ante mí”.

Lex frunció el ceño. “¿Señor?”
“Si no fuera por las restricciones del guerrero y mi intervención en esta noche, estarías acompañando a Urien en ese almacen de la ciudad, ambos cuerpos esperando el amanecer”. El desprecio inundaba cada silaba. Yakut recogió una herramienta de hierro del lado de la chimenea y movió los leños en la hogar. “Te salvé la vida esta noche, Alexei. ¿Qué mas esperas que te de esta tarde?”
Lex se enfadó al recordar su reciente humillación, pero el sabía que el odio no le ayudaría, particularmente no cuando estaba enfrentándose a su padre. El hizo un movimiento deferente de su cabeza, encontrando una maldita dura resistencia a mantener el matiz fuera de su voz. “Soy tu fiel sirviente, padre. No me debes nada. Y no te pido nada excepto el honor de tu continua confianza en mí”.
Yakut gruñó. “Hablas más como un político que como un soldado. No necesito políticos en mis filas, Alexei”.
“Soy un soldado” contestó rápidamente Lex, alzando su cabeza y mirando mientras su padre continuaba moviendo el palo de hierro en el fuego. Los leños se rompían, chispas saltaban hacia arriba, golpeando el largo y letal silencio que caía sobre la habitación. “Soy un soldado” afirmó de Nuevo Lex. “Quiero servirte lo mejor que pueda, Padre”.
Una burla ahora, pero Yakut giro su greñuda cabeza para mirar a Lex por encima del hombro. “Me das palabras, chico. Yo no tengo ninguna obligación de confiar en tus palabras. Últimamente no puedo ver que me hayas ofrecido nada mas”.
“¿Cómo esperas que sea efectivo si no me mantienes mejor informado?”. Cuando esos ojos matizados de ámbar con sus astilladas pupilas se estrecharon afiladamente sobre èl, Lex se dio prisa en añadir “Corrí hacia el guerrero en los campos. El me dijo sobre los recientes asesinatos de los Gen Uno. El dijo que la Orden había contactado contigo personalmente para avisarte del peligro potencial. Debería haberme hecho participe de ello, padre. Como capitán de su guardia, merezco ser informado”.

“¿Qué tu mereces que?” la pregunta salió de los labios de Yakut. “Por favor, Alexei…dime solo que es lo que sientes que mereces”.

Lex permaneció en silencio.
“¿Nada que añadir, hijo?” Yakut movió su cabeza en un ángulo exagerado, su boca mostró una sonrisa sarcástica. “Un cargo similar me fue lanzado hace años de los labios de una estúpida mujer que pensaba que podía apelar a mi sentido de obligación. A mi misericordia, quizás”. El se rió entre dientes, girando su atención de nuevo al fuego, para removerlo de nuevo en las brasas. “Sin Duda recordaras que la pasó”.

“Lo recuerdo” respondió con cuidado Lex, sorprendido por la seca situación de su garganta mientras el hablaba.
Los recuerdos se arremolinaron fuera de las ondulantes llamas de la chimenea.
AL norte de Rusia, el fin del invierno. Lex era un chico, apenas tenía diez años, pero era el hombre de su precario hogar tanto como alcanzaba a recordar. Su madre era todo lo que el tenía. La única que sabía como era el realmente, y le quería a pesar de todo.
El se había preocupado la noche que ella le había dicho que iba a llevarle a conocer a su padre por primera vez. Ella dijo a Lex que había sido un secreto que había mantenido-su pequeño tesoro. Pero el invierno había sido duro, y eran pobres. Necesitaban refugio, alguien que les protegiera. El campo estaba en confusión, inseguro para una mujer cuidando a un niño como Lex sola. Necesitaban refugio, alguien que les protegiera. Ella rogó al padre de Lex que se lo proporcionara. Ella prometió que el les abriría sus brazos en forma de bienvenida una vez hubiera conocido a su hijo.
Sergei Yakut les había dado la bienvenida con una fría ira y un terrible e impensable ultimatum.
Lex recordaba las plegarias de su madre a Yakut para que les acogiera...completamente ignoradas. El recordaba a la orgullosa y bella mujer arrodillándose ante Yakut, rogando que si no se preocupaba por ambos que el mirara solo por Alexei.
Esas palabras se clavaban en los oídos de Lex, incluso ahora: ¡El es tu hijo! ¿No significa nada para ti? ¿No merece algo más?

Lo rápido que la escena había perdido el control.

Lo fácil que fue para Sergei Yakut sacar su espada y deslizar esa cuchilla limpiamente a través del cuello de la madre indefensa de Lex.
Lo brutal de sus palabras, que el solo tenía sitio para soldados en su reino, y que Lex tenía una elección que hacer en ese momento: servir al asesino de su madre o morir junto a ella.

Lo débil que la respuesta de Lex había sido, dicha entre sollozos. Te serviré, había dicho, y sintió que una parte de su alma le abandonaba mientras miraba con horror el cuerpo sangrante y roto de su madre. Te serviré, padre.

Lo frío que fue el silencio que continuó.

Tan frio como una tumba.

“Soy tu sirviente” dijo en alto ahora Lex, bajando la cabeza más por el peso de los viejos recuerdos que por respeto al tirano que le gobernaba. “Mi lealtad siempre ha sido tuya, padre. Solo sirvo a tu placer”.

Un repentino calor, tan intenso que se sentía como llamas ardientes apretó bajo la barbilla de Lex. Sobresaltado, el levantó su cabeza, estremeciéndose del dolor con un grito ahogado. El vio el humo salir delante de sus ojos, olio la dulce y enfermiza peste a carne quemada-la suya.
Sergei Yakut estaba de pie ante el, sosteniendo el largo atizador de hierro en su mano. La brillante punta de la varilla de metal ardía, en rojo ardiente excepto por la zona de piel blanca cenizacea que colgaba de el, la cual había sido arrancada de la cara de Lex.
Yakut sonrió, enseñando las puntas de sus colmillos. "Sí, Alexei, sirves solo a mi placer. Recuerda eso. Solo porque mi sangre corre a través de tus venas no significa que me resista a matarte”.
"Por supuesto que no," murmuró Lex, con la mandíbula agarrotada por la devastadora agonía de sus quemaduras. El odio bullía en èl por el insulto que el podía tragarse y por su propia impotencia cuando veía al hombre de la raza que le desafió con su ceño fruncido para hacer un movimiento contra el de nuevo.Yakut desistió al final. Arrastró una túnica de lino marrón desde una silla y se encogió en ella. Sus ojos estaban todavía iluminados con hambre y lujuria de sangre. El dejó que su lengua patinara por sus dientes y colmillos. “Como estas tan ansioso por complacerme, ve y trae a Renata. La necesito ahora”.
Lex apretó sus dientes tan fuerte que deberían haberse hecho añicos en su boca.

Sin palabras caminó fuera de la habitación con su mandibula rígida, sus propios ojos centelleaban con la luz ámbar de su indignación. El no perdió de vista la mirada confusa del guarda apostado en la puerta, el rumbo inquieto de los ojos de los otros vampiros mientras el disfrazaba el olor de la carne quemada y el probable calor de la enturbiada ira de Lex.

Su quemadura cicatrizaría- de hecho, ya lo estaba haciendo, su acelerado metabolismo de la raza reparaba la piel quemada mientras los pies de Lex le llevaban a la zona principal del refugio. Renata justo venía de fuera. Ella vio a Lex y se detuvo, girándose alrededor como si ella quisiera evitarle. No era jodidamente probable.
“El te quiere” ladró Lex a través de la estancia, sin preocuparse de cuantos otros guardias le oyeran. Todos ellos sabían que ella era la puta de Yakut, así que no había razón para fingir otra cosa. “El me dijo que te enviara adentro. Está esta esperándote para que le sirvas”.

Los fríos ojos verde jade le demolieron. “He estado entrenando afuera. Necesito lavarme la suciedad y el sudor”.
“El dijo ahora, Renata”. Una orden corta, una que el sabía sería obedecida. Había más que una pequeña satisfacción en ese pequeño y raro triunfo.

“Muy bien”. Ella se encogió de hombros, acolchada sobre sus pies descalzos.
Su insulsa expresión mientras ella se acercaba decía que no la preocupaba lo que nadie pensara de ella, y mucho menos Lex, y esa falta de adecuada humillación solo le hacía querer degradarla más. El olfateó en su dirección, más por efecto que por nada más. “A el no le importará tu mugre. Todos sabemos que las mejores putas son las sucias”.

Renata no hizo más que parpadear ante el vulgar comentario. Ella podía reducirle con una ráfaga de su poder mental si lo decidiera- de hecho, Lex casi esperaba que lo hiciera, solo para demostrar que la había herido. Pero el rápido giro de su Mirada le dijo que ella no sentía que el mereciera la pena el esfuerzo.
Ella pasó junto a el con una dignidad que Lex no podía incluso comenzar a entender. El la miró-todos los guardias en la zona inmediata la miraron- mientras caminaba hacia las habitaciones de Sergei Yakut tan calmada como una reina de la nobleza en su camino a la horca.

No le llevó mucho a Lex imaginar un día cuando el pudiera ser el único al control de todo quien mandaría sobre este hogar, incluyendo a la altanera Renata. Por supuesto, la puta no sería tan altanera si su mente, voluntad y cuerpo pertenecieran completamente a el. Un subordinado para servir cada uno de sus caprichos…y los de los otros hombres a su cargo.

Sí, Lex reflexionó con muy malos ojos, sería condenadamente bueno ser rey.
CAPITULO SEIS
Traducido por Aletse

Renata silenciosamente abrió la puerta de la habitación de Mira y miro con atención adentro a la durmiente niña que descansaba pacíficamente sobre la cama. Simplemente una niña normal con una pijama color rosa, su suave mejilla apoyada contra la almohada delgada, soplando el aliento rítmicamente de la boca en forma de querubín delicada. Sobre la mesita rústica próxima a la cama estaba el corto velo negro que cubría los ojos notables de Mira en todo momento cuando ella esta despierta.
"Dulces sueños, ángel", susurró Renata en voz baja, palabras esperanzadoras. Ella se preocupaba por Mira más y más últimamente. No eran sólo por las pesadillas que se habían establecido después del ataque que había presenciado, sino la salud general de Mira por lo que Renata se preocupaba a la mayoría del tiempo. A pesar de que la chica era fuerte, su mente rápida y aguda, ella no estaba del todo bien.
Mira rápidamente estaba perdiendo su vista.
Cada vez que ella era obligada a ejercitar su don de la reflexión pre-cognoscitiva, algo de su propia vista se deterioraba. Esto había estado ocurriendo constantemente durante meses antes de que Mira hubiera confiado en Renata sobre lo que estaba sucediendo con ella. Ella tenía miedo, como cualquier niño lo tendría. Quizá más entonces, porque Mira era sabia más allá de sus ocho años de edad. Ella tenia por entendido que el interés de Sergei Yakut se evapora en el momento en que el vampiro la considerara sin ninguna utilidad mas para él. Él la expulsaría, quizás incluso la mataría si eso le complacía.
Así que en esa noche, Renata y Mira había hecho un pacto: Mantendría la condiciendo de Mira en secreto entre ellas, llevándoselo a la tumba, si era necesario. Renata había llevado la promesa de un paso más allá, jurándole a Mira que ella la protegería con su propia vida. Ella le juró que ningún daño le iba a acontecer a ella, no de Yakut o de cualquier otra persona, ya sea de la raza o humano. Mira estaría a salvo del dolor y la oscuridad de la vida de una manera que Renata jamás había conocido.
Que la niña hubiera sido sacada a exhibir para entretener al huésped no invitado de Sergei Yakut esta noche solo agrego mas irritación a su estado actual de Renata. Lo peor de su repercusión psíquica había pasado, pero aún persistía todavía un dolor de cabeza en los bordes de sus sentidos. Su estómago aún no había dejado de revolverse. Las pequeñas olas de náuseas formaban pliegues en ella como una marea que retrocede poco a poco.
Renata cerró la puerta de Mira, temblando y estremeciéndose un poco con el balanceo de otro pequeño temblor sobre su cuerpo. El largo baño que acababa de tomar la había ayudado a aliviar algunos de sus malestares, aunque aun por debajo de sus pantalones holgados de color grafito y su jersey suave de algodón blanco, su piel todavía seguía zumbando, en carne viva con el chisporroteo de la electricidad que nadaba debajo de su piel.
Renata se frotó las palmas de las manos sobre las mangas de su camisa, tratando de ahuyentar algo de la sensación todavía encendida como fuego que viajaba por lo largo de sus brazos. Demasiado despierta para dormir, ella se detuvo en su propia habitación sólo el tiempo necesario para recuperar un pequeño alijo de láminas de su baúl de armas. El entrenamiento siempre había demostrado ser un punto de bienvenida para su inquietud. Ella disfrutaba de las horas del castigo físico al cual ella se infligía a sí misma, feliz por el entrenamiento riguroso de ejercicios que llevaba a cabo, con temple a levantarse.
Desde la terrible noche en que ella se encontró sumergida en el mundo peligroso de Sergei Yakut, Renata había perfeccionado cada músculo de su cuerpo a su condición máxima, trabajaba servilmente para asegurarse de que ella era tan agudo y letal como las armas que ella llevaba cubiertas en la envoltura de seda y terciopelo que ahora sostenía en la mano.
Sobrevivir. Ese simple pensamiento de guía había sido su faro desde el momento en que ella era una niña incluso mas joven que Mira. Y tan solo… Una huérfana abandonada en la capilla de un convento de Montreal, Renata no tenía ningún pasado, ninguna familia, ningún futuro. Ella solo existía, solo eso.
Y para Renata, eso había sido suficiente. Era suficiente, incluso ahora. Sobre todo ahora, que navegaba por el mundo subterráneo del reino traicionero de Sergei Yakut. Había enemigos a todo alrededor de ella en este lugar, tanto escondidos como visibles. Innumerables formas de que ella diese un paso en falso, para equivocarse. Infinidad de oportunidades para ella de disgustar al despiadado vampiro que sujetaba su vida en sus manos y terminar el sangrando y morir. Pero nunca sin una pelea.
Su mantra de sus días de tempranos de la infancia le sirvió a ella de manera acertada aquí: Sobrevivir otro día. Luego otro y otro.
No había ningún espacio para la blandura en esta ecuación. Ningún derecho de emisión para la piedad o la vergüenza o el amor. Especialmente, no para el amor, de ninguna especie. Renata sabía que su afecto por Mira - que alimentaba el impulso que le daba fuerzas para allanar el camino de la niña, para protegerla a ella como a alguien de su propia familia - probablemente iba a costarle muy caro en el final.
Sergei Yakuto había perdido poco tiempo explotando esa debilidad en ella, Renata tenía las cicatrices para demostrarlo.
Pero ella era fuerte. Ella no había encontrado nada en esta vida que ella no pudiera soportar, físicamente o de otra manera. Ella había sobrevivido a todo eso. Afilada y fuerte, letal cuando ella lo tenía que ser.
Renata salió fuera del alojamiento del albergue y caminó a grandes pasos través de la oscuridad hacia uno de los edificios periféricos que estaban anexos que estaban atrás. El cazador que originalmente había construido el bosque compuesto evidentemente había adorado a sus perros. Una vieja perrera de madera estaba de pie detrás de la residencia principal, dispuesta como un establo, con un amplio espacio que se reducen en el centro y cuatro plumas de acceso controladas alineadas a ambos lados. El techo de viga abierto en donde alcanzaba su punto máximo a unos quince pies de alto.
Aunque pequeño, era un espacio abierto, bien ventilado. Había un granero más grande, más nuevo en la propiedad que permita una circulación más fluida, pero Renata tendían a evitar el otro edificio.
Una vez dentro de ese lugar oscuro, malsano y húmedo era suficiente. Si ella pudiera salirse con la suya, hubiese quemado la maldita cosa hasta cenizas.
Renata encendió el interruptor dentro de la puerta de la perrera y se estremeció cuando la bombilla desnuda en lo alto derramo un lavado de luz amarilla áspera por el espacio. Ella entró, caminando por el suelo liso y apretado de tierra, por delante más allá de los extremos colgados de dos correas largas, trenzadas de cuero que se colocaban alrededor de la viga que estaban en el centro de la estructura. En el extremo mas alejado de la perrera interior se encontraba un poste de madera alto que solía ser equipado con pequeños ganchos de hierro y lazos para el almacenamiento de correas y demás artes. Renata había curioseado y se había desecho de los aparejos hace unos meses, y ahora el puesto funcionaba como un blanco estacionario, la madera oscura marcada con cortes profundos, gubias, y roturas. Renata coloco sus láminas envueltas en un fardo de paja cercano y se lo puso de cuclillas. Ella se quito sus zapatos, entonces camino descalza por el centro del la perrera y se movió hasta alcázar el par de correos de cuero largo que hacia, una en cada mano. Ella enredo el cuero alrededor de sus muñecas un par de veces, probando la holgura de estas. Cuándo lo sintió cómodo, ella se extendió flexionando sus brazos y se levanto del suelo tan suavemente como si ella tuviera alas. Suspendida, con esa sensación de ingravidez, temporalmente transportada, Renata comenzó su calentamiento con las correas. El cuero crujía suavemente cuando se volvió para darse vuelta e intercambio su cuerpo varios pies del suelo. Esta era la paz para ella, la sensación de sus miembros ardiendo, poniéndose mas fuertes y más ágil con cada movimiento controlado.
Renata se dejó a si misma deslizarse en una meditación ligera, sus ojos cerrados, todos sus sentidos entrenados hacia el interior, concentrándose en su ritmo cardíaco y su respiración, en el fluido concierto de sus músculos cuando ella se desperezo de un agarre largo, para mantener la imposición a otro. No fue sino hasta que ella había girado sobre su eje para quedar en una postura con la cabeza hacia abajo, y sus tobillos ahora afianzando bien las correas para sostenerla en lo alto, que ella sintió una leve agitación en el aire a su alrededor. Fue repentino y sutil, pero inconfundible.

Tan inconfundible como el calor de un aliento que exhalaba ahora calentando su mejilla.
Sus ojos se abrieron de golpe. Luchado para enfocarse en los alrededores invertidos y el intruso que estaba de pie debajo de ella. Era el guerrero de la Raza -Nikolai. “¡Mierda!" ella dijo entre dientes, su falta de atención haciendo oscilar un poco el dominio de las correas. "¿Qué diablos crees tu que estás haciendo?"
"Tranquila", dijo Nicolái. Él levantó sus manos como si fuera a estabilizarla. "No estaba tratando de asustarte."
"Tu no lo hiciste". Contesto ella con palabras planas, pronunciadas con frialdad. Con una líquida flexión de su cuerpo, se trasladó a sí misma fuera de su alcance. "¿Te importaría? Estás interrumpiendo mi entrenamiento".
"Ah". Sus oscuras cejas rubias se arquearon hacia arriba mientras su mirada seguía la línea de su cuerpo en donde todavía colgaba de los tobillos. "¿Qué es exactamente lo que tu estás entrenando allí arriba, para el Cirque du Soleil?
Ella no dignifico el pinchazo con una respuesta. No es que él esperara una. Él Giró lejos de ella y se dirigió hacia el poste que estaba al otro extremo de la perrera. Él extendió la mano y sus dedos rastrearon las más profundas de las muchas cicatrices que tenia la madera. Entonces él encontró sus láminas y levantó la tela que las contenía. Metal tintineo al chochar suavemente dentro del cuadrado doblado de seda atado con la cinta de listo y terciopelo.
"No toques eso”, dijo Renata, liberándose de las correas y balanceándose alrededor para colocar sus pies en el suelo. Ella se camino hacia adelante con paso majestuoso. "Te dije, que no los tocaras. Son míos. "
Él no se resistió cuando ella le arrebató la preciada posesión -las únicas cosas de valor que ella podía reclamar como suyas – estaban en sus manos. El aumento en sus emociones le hizo girar la cabeza un poco, los efectos secundarios aun persistentes de la repercusión psíquica que ella esperaba hubiesen pasado. Ella dio un paso hacia atrás. Tuvo que trabajar para mantener estable su respiración. "¿Estás bien?"
No le gusta el aspecto de su mirada de preocupación reflejada en sus ojos azules, como si él pudiera sentir su debilidad. Como si él supiera que ella no era tan fuerte como quería-o necesitaba-aparentar.

"Estoy bien". Renata trasládalo las láminas a una de las plumas de la perrera y las desenvolvió. Una por una, ella cuidadosamente coloco cada una de las cuatro repujadas dagas hechos a mano bajo la cornisa de madera delante de ella. Forzando un tono ligeramente presumido en su voz. "¿Parece que quien debería estar haciéndote esa pregunta debería ser yo, no te parece? Te deje caer bastante muy duro allá atrás en la ciudad".
Ella escucho su gruñido bajo en algún lugar detrás de ella, casi como si fuera una broma. "Nunca se puede ser demasiado cautelosos cuando se trata de extranjeros," dijo ella. "Sobre todo ahora. Estoy segura de que tu entiendes".
Cuando ella finalmente recorrió con su mirada a él, ella lo encontró mirándola fijamente. "Cariño, la única razón por la que tu tuviste la posibilidad de poderme derribar fue porque tu jugaste sucio. Te aseguraste de que yo te notase, fingiendo que tenías algo que ocultar y sabiendo que iba a seguirte fuera de aquel club. Directamente hacia tu pequeña trampa".
Renata levanto sus hombros, sin arrepentimiento. "Todo vale en el amor y en la guerra". Él le dedico una suave sonrisa acompañada por un par de hoyuelos en sus mejillas delgadas. "¿Es esto, la guerra?"
"Es seguro como el infierno que no es el amor."
"No", él dijo, tornándose todo serio ahora. "Eso nunca".
Bien, al menos ellos estaban de acuerdo en algo.
"¿Cuánto tiempo ha estado trabajando tu para Yakut?"
Renata sacudió con la cabeza como si fuera incapaz de recordar eso particularmente, a pesar de que la noche estaba grabada en su mente como si hubiera sido quemado allí. Inundada por la sangre. Imponente. El comienzo de un fin. "No sé", dijo ella a la ligera. "Un par de años, supongo. ¿Por qué?"
"Simplemente me preguntaba cómo una hembra, sin importar que sea una Compañera de Raza con su habilidad psíquica poderosa - termino en esta línea de trabajo, especialmente para un Gen Uno como él. Es extraño, eso es todo. Demonios, es inaudito. Tan solo, dime. ¿Cómo es que tú estas conectada con Sergei yakuto?"
Renata se quedó contemplando fijamente a este guerrero-este forastero, peligroso y astuto, que de repente estaba entrometiéndose en su mundo. Ella no estaba segura de cómo contestar. Ciertamente ella no estaba a punto de decirle la verdad. "Si usted tiene preguntas, tal vez deberías preguntarle a él."
"Sí", dijo él, estudiándola mas estrechamente ahora. "Tal vez lo haré. ¿Y qué pasa con la niña - Mira? ¿Ha estado ella aquí tanto tiempo como usted?"
"No tiene mucho tiempo, no. Apenas hace seis meses.” Renata trató de parecer indiferente, pero un feroz instinto de protección se levantó en ella con la simple mención del nombre de Mira sobre los labios de este macho de la Raza. "Ella ha pasado por mucho en tan poco tiempo. Cosas que ningún niño debería atestiguar.”
"¿Como el ataque contra Yakuto la semana pasada?"
Y otras, más oscuras, cosas, Renata reconoció interiormente. "Mira tiene pesadillas casi aproximadamente todas noches. Ella casi no duerme más que un par de horas en un tiempo".
Él asintió con la cabeza en reconocimiento sobrio. "Este no es ningún maldito lugar para una niña. Algunos podrían decir que no es ningún lugar para una hembra tampoco".
"¿Es eso lo que tu dirías, guerrero?”
Su sonrisita ahogada de contestación ni confirmó ni negó eso.
Renata lo observo a él, mientras surgían en ella preguntas burbujeando en su mente. Una en particular. "¿Qué has visto tu en los ojos de Mira mas temprano esta noche?"
Él gruñó algo por lo bajo en su aliento. "Confía en mí, tu no deseas saberlo".
"Estoy preguntándote, ¿no? ¿Qué te mostro ella?
"Olvídalo". Sosteniendo su mirada, se pasó una mano por los hebras de color oro de su el cabello y luego exhala una maldición fuerte y desvió la mirada de ella. "De cualquier manera, eso no es posible. La chica definitivamente se equivoco."
"Mira no se equivoca nunca. Ella no se ha equivocado ninguna vez, no en todo el tiempo que la he conocido ella."
"¿Es eso así?" Su penetrante mirada azul volvió fijamente de nuevo a ella, ambos calor y frio viajaron a lo largo de su cuerpo con su lenta, y evaluadora mirada. "Alexis me ha dicho que su habilidad es imperfecta."
"Lex". Renata se burlo. "Hazte un favor y no pongas tu fe en nada de lo que Lex te diga. Él dice y no hace nada sin un motivo oculto."
"Gracias por el consejo". Él se recostó atrás contra el poste marcado con cicatrices por las láminas. "Entonces, así pues, no es cierto, lo que él dijo - ¿que los ojos de Mira sólo reflejan los acontecimientos que podrían ocurrir en el futuro, basado en el ahora?"
"Lex puede tener sus propias razones personales para desear que no sea así, pero Mira nunca se equivoca. Todo lo que ella mostró esta noche, esta predestinado a suceder". "Predestinado", dijo él, pareciendo divertido con eso. "Pues bien, mierda. Entonces creo que estamos condenados”.
Él la miró fijamente a ella cuando él pronuncio esas palabras, todo excepto ella la desafiaba para que le preguntara si él deliberadamente la había incluido a ella en su observación. Dado que la idea le parecía a él terriblemente divertida, ella no estaba a punto de darle la satisfacción de pedirle a él que le explicara por que. Renata cogió una de sus láminas y probó el peso de ella en su palma abierta. El frío del acero de la daga se sentía bien contra su piel, sólido y familiar. Sus dedos se morían de ganas por trabajar. Sus músculos ahora estaban flexibles por el calentamiento, listos para ser empujados con una o dos horas de duro entrenamiento. Ella giró alrededor con la lámina en la mano y dirigió una señal hacia el poste donde Nikolai se encontraba apoyado. "¿Te importaría? Yo no quiero juzgar mal mi marca y golpeó accidentalmente en su lugar".
Él recorrió con la mirada el poste y se encogió de hombros. "¿Mas bien no lo haría para ti que fuera mas interesante, el combate de entrenamiento con un oponente real que puede devolverte el golpe? O tal vez para ti funcione mejor con las probabilidades apiladas de forma desigual en tu favor."
Ella sabía que él el estaba poniendo un cebo, pero el brillo de sus ojos era de juguetón, bromista. ¿Estaba él realmente coqueteando con ella? Su naturaleza práctica le hizo erizarse los bellos de la nuca con cautela. Ella pasó su pulgar por el borde de la lámina mientras ella lo miraba, inseguro de qué hacer con él ahora. "Prefiero trabajar sola".
"Muy bien". Él inclinó su cabeza, pero solo hizo un pequeño desplazamiento del camino. Desafiándola con su mirada. "Haz lo que quieras".
Renata frunció el ceño. "Si tu no te vas a mover, ¿cómo puedes estar seguro que no te tomare como objetivo a ti?"
Él sonrió abiertamente, completamente lleno de arrogancia divertida, sus gruesos brazos cruzados sobre su pecho. "Apunta a todo lo que tu quieras. Tú nunca me golpearías. " Ella dejó a la lamina volar sin la mas mínima advertencia.
El acero afilado le dio un mordisco a la madera haciendo una grieta profunda, golpeando en el blanco exactamente donde ella lo había enviado. Pero Nikolai se había ido. Así como así, desapareciendo de su la línea de visión por completo. Mierda. Él era de la Estirpe, mucho más rápido que cualquier ser humano, y tan ágil como un depredador de la selva. Ella no era ningún rival para él con las armas o la fuerza física, ella sabía esto incluso antes de que ella enviara la daga volando por el aire. Sin embargo, ella había esperaba que al menos mermar al arrogante, engreído hijo de puta por incitarla.
Sus propios reflejos afilados por la precisión, Renata estiro su brazo y alcanzó otra de sus láminas en la espera. Pero cuando sus dedos se cerraron alrededor de la empuñadura labrada, ella sintió al aire revolverse detrás de ella, sintiendo el calor a través de la longitud de las hebras de cabello que estaban sobre su barbilla.
El metal afilado de una chuchilla, subió por debajo de su mandíbula. Una dura pared muscular duro le apretaba se columna vertebral.
"¡No me diste!". “Me echaste de menos”.
Ella tragó saliva cuidadosamente alrededor de la prensa ligera de la lamina que estaba bajo se barbilla. Tan suavemente como ella podría hacer, se relajó sus brazos a los costados. Entonces en ese momento atrajo con la mano la daga sobre su eje desde detrás de ella para descansarla significativamente entre sus muslos separados. "Parece que te encontré."
Simplemente porque ella podía, Renata lo golpeó con una pequeña sacudida del poder de su mente.
"Mierda", gruñó él, y en el instante en que su agarre sobre ella se relajó, ella salió de su alcance y se volvió hacia él para enfrentarlo. Ella esperaba la cólera de él, la temía un poco, pero él sólo levantó su cabeza y le dirigió a ella un pequeño encogimiento de hombros. "No te preocupes, cariño. Solo voy a tener que jugar contigo hasta que las repercusiones se activen y te derriben".
Cuando ella lo contemplaba, confundida y afligida por que él pudiera saber acerca del desperfecto que tenia su habilidad, el dijo "Lex me puso al tanto acerca de un par de cosas sobre ti también. Él me conto lo que te sucede cada vez que tu disparas uno de aquellos misiles psíquicos. Componente muy poderoso. Pero yo en tu lugar, no lo gastaría sólo porque te sientes en la necesidad de demostrar un punto." "A la mierda con Lex", murmuró Renata. "Y a la mierda tu también. No necesito tus consejos, y seguro como el infierno no necesito a ninguno de ustedes dos hablando mierda acerca de mí detrás de mi espalda. Esta conversación ha terminado". Enojada como estaba ahora, ella impulsivamente flexiono hacia atrás su brazo y lanzó la daga en su dirección, a sabiendas de que él fácilmente podía salir de su camino justo como antes. Únicamente que esta vez él no se movió. Con un chasquido rápido como un relámpago de su mano libre, él extendió la mano y capturo la lámina que navegaba sobre el aire. Su sonrisa satisfecha totalmente la saco fuera de sus casillas.
Renata arrancó la última daga de su lugar de descanso en la repisa de la perrera y la envió a volar hacia él. Al igual que la otra antes de ésta, éste también fue tomado en el aire y ahora estaban atrapadas en las manos hábiles del guerrero de la Raza.
Él la miró, sin parpadear, con un calor masculino que la debería haber helada, pero excepto que no lo hizo. "¿Y ahora qué vamos a hacer para divertirnos, Renata?"
Ella lo fulmino con la mirada. "Entretente tu mismo. Yo me voy de aquí."
Ella se dio la vuelta, lista para salir con paso majestuoso de la perrera. Apenas había dado dos pasos cuando ella escucho un sonido agudo en ambos lados de su cabeza tan cerca que algunas hebras errantes de su cabello volaron hacia delante de su cara.
Entonces, por delante de ella, observo sobrevolar una mancha borrosa de acero pulido, que estallo hacia el otro extremo de la pared.
Golpe seco – golpe seco.
Las dos dagas que habían navegado por delante de su cabeza con un objeto errático – estaban ahora sepultadas en la vieja madera a mitad de camino de sus empuñaduras. Renata se dio la vuelta, furiosa. “Tu hijo de puta…"
Él se lanzo justo encima de ella, su enorme cuerpo obligándola a irse hacia atrás, sus ojos azules brillando intermitentemente con algo más profundo que la simple diversión o la básica arrogancia masculina. Renata retrocedió un paso, sólo lo suficiente para que ella pudiera equilibrar su peso sobre sus talones. Ella se echó hacia atrás y se giro sobre su eje, su otra pierna que elevo en una patada giratoria.
Unos dedos tan inflexibles como las bandas de hierro se cerraron alrededor de su tobillo, retorciéndolo.
Renata cayó al suelo de la perrera, ásperamente sobre su espalda. Él la siguió hasta allí, extendiéndose así mismo sobre ella y acorralándola por debajo de él mientras ella luchaba agitando violentamente sus puños y ondulando las piernas. Tan solo le requirió todo un minuto para doblegarla.
Renata jadeando por el esfuerzo excesivo, levantándose su pecho, que corrían por la velocidad de su pulso. "Ahora, ¿quién es el que desea demostrar algo, guerrero? Tú ganas. ¿Estas feliz ahora?"
Él se quedo con la mirada fija en ella en un extraño silencio, ni demostrando regocijo o enfado.
Su mirada fija se mantenía estable y tranquila, demasiado íntima. Ella podía sentir su corazón martillando contra su esternón. Sus muslos posados a horcajadas sobre ella, mientras el tenia atrapadas sus dos manos por encima de su cabeza. Él la sostenía con firmeza, sus dedos sujetándose alrededor de sus puños en un suave apretón, increíblemente cariñoso. La mirada fija de él se desvió hasta el agarre de sus manos, con un destello de fuego que crepitaba sobre su iris cuando se encontró con la pequeña marca de nacimiento color carmesí de una lagrima que caía montada sobre una medialuna que había dentro de su muñeca derecha. Con su pulgar acarició aquel preciso lugar, una caricia fascinante-hipnótica que envió calor corriendo por sus venas.
"¿Todavía quieres saber lo que vi en los ojos de Mira?"
Renata ignoró la pregunta, segura de que eso era la ultima cosa que ella necesitaba saber en esos momentos. Ella luchó con fuerza debajo de la molesta losa muscular de su cuerpo pesado, pero él la dominaba con maldito poco esfuerzo. Bastardo. "¡Quíntate de mi!".
"Pregúntame otra vez, Renata. ¿Qué fue lo que vi?"
"Te dije, ¡Que te quitaras de mi!", gruño ella, sintiendo el aumento del pánico dentro de su pecho. Tomó una respiración para calmarse, sabiendo que ella tenía que guardar la calma. Ella tenía que mantener conseguir la situación bajo control, y rápidamente. La última cosa que ella necesitaba era que Sergei Yakut saliera a buscarla y la encontrara clavada e impotente debajo de este otro macho. "Déjame salir ahora."
"¿De qué tienes miedo?"
"De nada, ¡maldito seas!"
Ella cometió el error de levantar su mirada fija hacia él. Calor ámbar incitándose dentro del interior del azul de sus ojos, fuego devorando el hielo. Sus pupilas se comenzaron a estrechar rápidamente, y detrás de la limpia mueca de sus labios, ella observo las puntas agudas de sus emergentes colmillos.
Si él estaba enojado ahora, esa era sólo una parte de la causa física de su transformación; ya que donde su pelvis se posaba amenazadoramente sobre ella, ella sentía la cresta dura de en ingle, de la dilatación muy evidente de su polla presionándose deliberadamente entre las piernas.
Ella se movió, tratando de escapar de ese calor, de la erótica posición de sus cuerpos, pero eso sólo la dejo mas encajada sobre ella. El pulso acelerado de Renata se elevo aun más en un ritmo urgente, y un calor no deseado comenzó a florecer en su núcleo.
¡Oh, Dios!. No es bueno. Esto no esta bien.
"Por favor”, ella gimió, odiando a sí misma por el débil temblor que sonó al momento de pronunciar la palabra. Odiándolo a él también.
Quería cerrar los ojos, rehusándose a ver se ardiente, fija mirada hambrienta o su boca que estaba tan cerca de la suya. Quería negarse a sentir todo lo ilícito que él movía en ella - el peligro de este inesperado, deseo mortal. Pero sus ojos se quedaron arraigados en los suyos, incapaz de apartar la mirada, la respuesta de su cuerpo hacia él era más fuerte el mismo hierro, incluso que su voluntad.
"Pregúntame lo que la niña me mostró esta noche en sus ojos", exigió él, con voz, tan baja como un ronroneo. Sus labios estaban tan cerca de los suyos, la piel suave rozo su la boca cuando le hablo. "Pregúntemelo, Renata. O tal vez prefieres ver por ti mismo la verdad."
El beso paso a través de su sangre como fuego.
Los labios se presionaron juntos con pasión, el cálido aliento apresurándose, mezclándose. Su lengua de exploro las comisuras de su boca, sumergiéndose en su interior ahogando su grito mudo de placer. Ella sintió sus dedos acariciando sus mejillas, deslizándose sobre el cabello se su sien, y después, alrededor de su nuca sensible. Él la elevo hacia él, sumergiéndola más profundamente en el beso que la estaba derritiendo, rompiendo toda su resistencia.
No. ¡Oh, Dios! No, no, no.
No puedo hacer esto. No puede sentir esto.
Renata se separó de la erótica tortura de su boca, volviendo la cabeza a un lado. Ella estaba temblando, sus emociones estaban subiendo a un nivel peligroso. Ella arriesgaba mucho aquí, con él ahora. Demasiado.
Madre María, pero ella tenía que apagar esta llama que él le había encendido dentro de su interior. Estaba derritiéndose, mortalmente. Tenía que apagarlo rápidamente. Sus dedos cálidos tocaron su barbilla, dirigiendo su mirada nuevamente a la fuente de su angustia. "¿Estás bien?"
Ella extrajo sus manos de su asimiento suelto, del puño por encima de su cabeza y lo aparto de un empujón, incapaz de hablar.
El se alejó inmediatamente. Le tomó la mano y la ayudó a ponerse sobre sus pies, ella no quería ninguna ayuda, pero estaba demasiado afectada para rechazarlo. Se quedó allí de pie, incapaz de mirarlo, tratando de reagruparse.
Rezando como el infierno que ella no hubiese acabado de firmar su propia sentencia de muerte.
"¿Renata?" Cuando finalmente encontró su voz, se filtró a través de ella, tranquila y frío, con desesperación. "Acércate a mí otra vez”, dijo ella, "Y te juro que te matare".

CAPITULO CINCO
Traducido por Laura

Esas imagines carnales, todas demasiado reales, obstinaron a Nikolai durante el siguiente par de horas de luz mientras el merodeaba por las zonas boscosas del recinto, buscando cualquier evidencia que pudiera quedar del ataque abortado a Sergei Yakut. El comprobó el perímetro de la casa principal pero no encontró nada. Ni siquiera una pisada en el suelo arcilloso y de barro.
La pista, si el intruso había dejado una, estaba fría ahora. Aún así, no era difícil suponer como el asaltante podría haberse acercado a su objetivo. Esta profundidad en los bosques, sin vallas de seguridad, camaras, o detectores de movimiento para alertar a la casa de intrusos en la propiedad, el atacante de Yakut podría haberse ocultado en el bosque circundante la mayor parte de la noche, esperando la mejor oportunidad de atacar. O el podría haber elegido una ubicación más destacada, pensó Nikolai, su mirada puesta en un pequeño granero situado a unos pocos metros de la parte trasera del recinto.

El paseó hasta allí, figurando que la fachada sería una adquisición reciente a la propiedad. El bosque estaba oscuro, no de las inclemencias naturales del tiempo como el resto del lugar, pero si de un tinte de nuez que lo hacía combinar en sus alrededores. No había ventanas en ningún lado, y la amplia puerta de paneles de enfrente estaba reforzada con una Z de dos por cuatro y perfilaba una gran cerradura de acero.

A través del hediondo aceite del barnizado bosque, Nikolai podía haber jurado captar un vago olorcillo cobrizo.

¿Sangre Humana?
El arrastró otra respiración, tamizando el sabor de ello a través de sus dientes, sobre las sensibles glándulas de su lengua. Era definitivamente sangre, y definitivamente humana. No mucha había sido derramada en el otro lado de la puerta, y por el débil cosquilleo en sus fosas nasales, juzgó estar demasiado seco y envejeciendo probablemente varios meses o más. El no podía estar seguro a menos que echara una mirada dentro.
Curioso ahora, el encajó la gran cerradura y estaba a punto de tirarla cuando el crujido de una hoja detrás de él captó su atención. Mientras el se giró para encontrar el ruido, extendió el brazo hasta una de sus pistolas-y maldijo al recordar que Yakut estaba todavía sosteniendo todas sus armas.
El alzó la vista para encontrar a Alexei mirándole desde donde el permanecía de pie en la esquina del granero. A juzgar por el desprecio brillante en sus ojos, parecía que su orgullo herido no se había recuperado todavía de su confrontación en la ciudad. No es que a Niko le preocupara. El tenía poco uso para gilipollas civiles pavoneándose, especialmente aquellos con cuestiones de derecho y egos delicados.
“¿Conseguiste una llave para esta cerradura?” preguntó él, su mano todavía curvada alrededor del bulto del acero reforzado. Si el quería, como macho de la Raza, el podía rasgar la cosa con un giro de su muñeca. Más limpio aún, el podía flexionar su mente, y abrir la cerradura con una orden mental. Pero era más interesante fastidiar a Alexei por el momento que estaba. “Te importa abrir la puerta, o quizás necesites tener permiso de tu papa primero”.

Alexei gruñó en la esquina, los brazos doblados sobre el pecho. “¿Por qué debería abrirla para ti? No hay nada de interés ahí adentro. Es solo un granero. Vacío además.”

“¿Sí?” Niko dejó que la cerradura cayera de su mano, el metal golpeo pesadamente contra los paneles de madera. “Huele como si hubieras estado almacenando humanos aquí dentro. Ensangrentados. El hedor de la hemoglobina me golpeó cuanto más me acercaba.” Una exageración, pero el quería ver la reacción de Alexei.
El joven vampiro frunció el ceño y lanzó una cautelosa mirada a la puerta impedida. El lentamente agitó su cabeza. “No sabes de que estas hablando. Los únicos humanos que han puesto el pie en este granero eran carpinteros locales que lo construyeron hace unos pocos años”.

“Entonces no te importará si echo una mirada” apuntilló Nikolai.

Alexei se echó a reír por lo bajo. “¿Qué estás haciendo aquí, guerrero?”
“Tratando de descubrir quien intentó matar a tu padre. Quiero saber como el intruso pudo haberse acercado lo suficiente para atacar y donde el podía haber ido después”.
“Perdona mi sorpresa” dijo Alexei, sin disculpa en su tono, “pero encuentro difícil creer que un ataque fallido-incluso a un anciano de la raza como mi padre- sea suficiente para traer a un miembro de la Orden para una visita personal”.

“Tu padre fue afortunado. Hubo otros Cinco Gen Uno de la población que no fueron tan afortunados”.
La Mirada de suficiencia de Alexei se apagó, sustituida por una sombría gravedad. “¿Había habido otros ataques? ¿Otros asesinatos?”

Nikolai dio un asentimiento adusto. “Dos en Europa, los otros en Estados Unidos. Demasiados para ser al alzar, y demasiado expertos para ser nada excepto el trabajo de un profesional. Y no parece ser un único esfuerzo. Durante las pasadas semanas, una vez que supimos del primer par de asesinatos, la Orden ha estado contactando con todos los Gen Uno conocidos para avisarles de lo que había ocurrido. Necesitan entender el peligro potencial para poder tomar las medidas apropiadas de seguridad. ¿Tu padre no te lo dijo?”

El ceño fruncido de Alexei surcó su oscura ceja. “El no dijo nada de esto. Maldita sea, le habría protegido personalmente”.
Ese Sergei Yakut no había informado a su hijo del contacto reciente de Niko, o de la actual erupción de la caza de Gen Uno, estaba diciendo. No importa como Alexei intentara apoyarse en el brazo derecho de su padre, Yakut evidentemente lo mantenia a distancia cuando llegó a confiar. Sin sorprenderse, dada la naturaleza sospechosa de Yakut. Evidentemente esa sospecha se extendió a su propia familia de sangre también.
Alexei maldijo. “El debería habérmelo dicho. Me habría asegurado que el tuviera protección propia en el lugar en todo momento. En vez de eso, el bastardo que le atacó está todavía libre. ¿Cómo podemos estar seguros de que no volverá a intentarlo de nuevo?”
“No podemos estar seguros de eso. De hecho, será mejor que continuemos con la suposición de que habrá otro ataque. Mi invitado llegará más pronto que tarde.”
“Necesitas mantenerme informado” dijo Alexei, su tono tomando ese borde irritante de título nuevamente. “Espero ser alertado inmediatamente de cualquier cosa que encuentres, y todo lo que tu o la Orden pudieran saber sobre esos ataques. Todo. ¿Entendiste?”
Nikolai dejó que su sonrisita de respuesta se extendiera lentamente sobre su cara. “Trataré de recordar”.
“Mi padre cree que es intocable, ya ves. El tiene a sus guardaespaldas a mano, todos ellos entrenados por el, leales a el. Y el tiene el consejo de su oráculo privado también”.Niko dio un asentimiento de reconocimiento. “La niña, Mira”.

“¿La has visto?” la Mirada de Alexei se estrechó, aunque si con desconfianza o curiosidad básica que Nikolai no podía suponer. “Así Que”, el hijo de Yakut dijo, “el te permitio conocerla, entonces. El te dejo mirar sus ojos de bruja”.
“Lo hizo”.
Cuando la mandíbula de Niko permaneció firme, probablemente rígida, Alexei sonrió. Su voz arrastraba sarcasmo. “Agradable vista la que ella te dio de tu destino, ¿no, guerrero?”

Una repetición instantánea de la visión calurosa se movió a través de su mente como una maleza quemándole desde el interior. El se encogió de hombros con un escalofrío que no sintió. “He visto cosas peores”.

Alexei se rió. “Bien, no me preocuparía si fuera tu. El talento de la pequeña arpía está lejos de ser perfecto. Ella no puede mostrarte todo tu futuro, solo imágenes breves de lo que puede venir, basado en el ahora. Y ella no puede ayudarte a poner todo lo que ves dentro de un contexto. Personalmente, no encuentro a la mocosa tan divertida como a mi padre le parece”. El gruñó, subiendo un hombro junto con la esquina de su burlona boca. “Lo mismo podría ser dicho de la otra mujer que el insiste en mantener protegida a pesar de mis dudas”.
No había pregunta de quien el hablaba. “¿No eres fan de Renata, no?”

“Fan de ella” murmuró Alexei, cruzando sus brazos sobre el pecho. “Ella es arrogante. Piensa en ella misma sobre todos los demás porque ha logrado impresionar a mi padre una vez o dos con su destreza mental. Desde la noche que ella llegó aquí, ha sido demasiado audaz para su propio bien. Estarías en apuros para encontrar a un macho entre todos estos que trabajan para mi padre que no les gustaría verla aumentar de intensidad. Poniendo a la fría y engreída arpía en su lugar, ¿eh? ¿Quizás te sientas de la misma manera, después de lo que te hizo esta noche en la ciudad?”.
Nikolai se encogió de hombros. El estaría tumbado si decía que no le irritaba en algún nivel primario que una mujer le hubiera dejado fuera de combate. Tan crispante como haber estado en el receptor final de su ataque mental, Nikolai no podía rechazar cualquier cantidad de sobrecogimiento. Obviamente ella era una de la Raza, puesto que la naturaleza era reacia a malgastar poderosos regalos extrasensoriales sobre el stock básico de Homo Sapiens.

“Nunca he visto a nadie como ella” admitió a Alexei. “Nunca he oído de un compañero de Raza con ese nivel de habilidad. Puedo ver porqué tu padre dormiría mejor sabiendo que ella está cerca.”

Alexei frunció el ceño. “No estés demasiado impresionado con ella, guerrero. La destreza de Renata tiene sus meritos, te otorgaré. Pero ella es demasiado débil para controlarlo”.

“¿Por qué?”

“Ella puede enviar la ola mental fuera, pero el poder vuelve a ella, como un eco. Una vez que la reverberación la golpea, ella es completamente inútil hasta que pasa.”
Nikolai recordó la debilitada ráfaga de energía mental que Renata le había dado rienda suelta dentro del almacén. El era un macho de la Raza- sus genes alien le daban la fortaleza y resistencia de fácilmente diez hombres humanos- y el había sido incapaz de afrontar el dolor de ese increíble asalto sensorial. ¿Para que Renata atravesara esa misma angustia cada vez que ella usaba su destreza?
“Cristo” dijo Niko. “Debe ser pura tortura para ella”.
“Sí”, estuvo de acuerdo Alexei, sin preocuparse de disimular su tono ligero. “Estoy bastante seguro de eso”.

Nikolai no echó en falta la sonrisa en el flaco rostro del más joven de los Yakut. “¿Disfrutas si ella sufre?”
Alexei gruñó. “No podría preocuparme menos. Renata es inadecuada para el papel que mi padre la ha dado. Ella es ineficaz como su guardaespaldas –un riesgo que temo podría llevarle a ser asesinado un día. Si estuviera en su lugar, no dudaría en echarla sobre su arrogante trasero”.
“Pero tu no estás en el lugar de tu padre” Niko le recordó, si solo porque Alexei parecía demasiado entusiasta imaginándolo.
El vampiro miró a Niko en silencio durante un largo e incómodo momento. Entonces el aclaró su garganta y escupió en el suelo. “Termina tu investigación, guerrero. Si encuentras algo de interés, me informarás enseguida”.
Nikolai meramente miró al hijo de Yakut, sin palabras que apoyaran al civil a contar con su promesa. Alexei no lo presionó, solo giro lentamente sobre sus talonees y se marchó en dirección al recinto.
CAPITULO CUATRO
Traducido por Aletse

Renata no tenia ni idea de lo que el desconocido rubio podía haber dicho para persuadir a Sergei Yakut para que lo invitara a su refugio que se encontraba en su recinto privado al norte de la ciudad.

En los años desde que Renata se había introducido en la vida como miembro de la guardia personal de Yakut, nadie fuera de ese pequeño circulo de funcionarios vampiros y del detalle de su guardia privada había sido permitido alguna vez en las tierras del bosque aislado que estaba rodeado por unas verjas.

Sospechoso por naturaleza y solitario, cruel hasta el punto de la tiranía, el mundo de Sergei Yakut era uno de control y desconfianza. Que Dios los ayudara si alguien lo cruzara de cualquier forma, ya que cuando el puño de su rabia golpeaba, este caía lanzándose como un yunque. Sergei Yakut tenía pocos amigos e incluso menos enemigos, ninguno parecía sobrevivir mucho al filo de su sombra.

Renata había llegado a conocer al macho que ella protegía bastante bien, para saber que él no era exactamente susceptible a la idea de la compañía no invitada, pero él hecho de que no hubiese asesinado a este intruso- este guerrero- como se había referido a él allá atrás en el callejón, para otorgarle al menos un pequeño grado de respeto. Si no era por el guerrero en si mismo, entonces era por el grupo al que él pertenecía,-la Orden.

Cuando ella traslado el Mercedes blindado que conducía hasta la entrada de la áspera casa principal construida en madera que estaba al final del largo pasaje, Renata no pudo resistir echar una mirada por el espejo retrovisor a los dos vampiros que se encontraban sentados en silencio en los asientos traseros.

Los ojos azul claro se encontraron con la mirada fija que estaba en el espejo. El no parpadeo, ni siquiera cuando la segunda mirada se extendió más allá de la curiosidad de aquel simple desafío. El estaba lejos de estar enojado, su ego sin duda todavía golpeado por el hecho de que ella lo hubiese engañado en el callejón y conducido a una trampa. Renata fingió ignorarlo cortésmente cuando ella rompió la pesada conexión de su fija mirada y condujo el coche hasta detenerse delante de las puertas.

Uno de los machos de la Raza que estaba de guardia en la entrada bajo las amplias escaleras para abrir la puerta trasera de la berlina. Detrás de él, a unos pasos estaba otro guardia, este tenía un par de galgos rusos- perros lobos- que libero. Sus dientes inmediatamente fuero al descubierto gruñendo, los perros guardianes emitían grandes ladridos y gruñían como unos salvajes hasta el momento en que Sergei Yakut salió del coche. Los animales estaban tan bien entrenados así como el resto del personal del vampiro: una mirada de su maestro y ellos se callaron automáticamente, un silencio sumiso, con sus grandes cabezas sosteniéndose hacia abajo cuando él y él guerrero entraban en la casa.

El guardia que estaba de pie cerca del coche cerro la puerta trasera que había quedado abierta y le disparo una mirada interrogativa a Renata a través del cristal tintado de la ventana.

¿Quién demonios es ese? Era la pregunta evidente que su rostro expresaba pero antes de que èl pudiera solicitarle que bajara su ventanilla para poder interrogarla, ella puso en marcha la berlina, dejando atrás solo un simple rastro de humo.

A medida de que ella alejaba el coche del camino de grava y lo llevaba alrededor del garaje que estaba en la parte posterior de la puerta de entrada, el dolor y la tensión que ella había estado sintiendo antes comenzó nuevamente a arrastrase a través de su cuerpo. Ella estaba cansada completamente de la confrontación de esta noche, sus miembros y mente igualmente cansados y doloridos. Todo lo que ella deseaba era su cama y un largo y caliente baño en la tina. A ella realmente no le importaba lo que ocurriera primero.

Renata tenia su propia habitación pequeña en la casa, un lujo que Yakut no les brindaba a ninguno de los machos que le servían. Incluso Alexei dormía con los otros guardias en cuartos comunes, durmiendo sobre jergones de piel extendidos en el sueño, como si fueran una guarnición venida directamente de la edad media. La habitación de Renata era solo ligeramente mejor que eso: un estrecho espacio lo suficientemente grande solo para la cama, la mesita de noche y el baúl que contenía su pobre ropa. Un cuarto de baño acondicionado con una bañera con patas se encontraba en el pasillo y lo compartía con la única otra mujer a cargo de Sergei Yakut.

Las comodidades eran rusticas, en el mejor de los casos, como era el resto de los centenares tablones del recinto, y el mobiliario era también escaso. Por no mencionar un poco repugnante.

A pesar de que Yakut, una vez le comento de que él y su familia solo habían estado viviendo allí por la ultima década, el antiguo pabellón de caza estaba lleno de lo que parecía ser el valor de medio siglo de pieles de animales, y para completar el juego, cornamentas empalmadas. Ella asumía que la decoración de taxidermia, había pertenecido al propietario anterior, pero a Yakut no parecía importarle compartir su casa con toda esa morbosidad. De hecho, parecía que él disfrutaba del carácter primitivo del lugar. Renata sabía que él vampiro siberiano era mas viejo de lo que aparentaba ser, mucho, mucho mas viejo, como aquellos de su Estirpe con frecuencia era. Pero no hacia falta ser un genio para imaginarlo arropado con pieles y mas pieles, y armaduras de acero y hierro, causando sangrientos estragos en indefensas aldeas de las regiones remotas del norte de Rusia. El tiempo no había suavizado ninguno de sus bordes, y Renata podía testificar de primera mano la naturaleza letal de Yakut.

Que ella tuviera que servir a alguien como él, hacia a su estomago retorcerse con pesar. Que ella se hubiese comprometido a protegerlo, a serle leal, tanto en pensamiento como en obra, la hacia sentirse como una extraña en su propia piel. Ella tenía sus razones para permanecer allí, sobre todo ahora – que había mucho que deseaba poder cambiar.

Tanto por lo que todavía podía lamentar…

Ella aparto los pensamientos que eran demasiados peligros dejarlos salir incluso aunque fuera en su mente. Si Sergei Yakut pudiese sentir la más mínima debilidad en su lealtad hacia él, habría repercusiones rápidas, con graves consecuencias.

Renata cerró la puerta después de que ella entrara en su habitación. Se desabrocho las pistoleras de sus armas y coloco las pistolas y sus cuchillas pulcramente encima del antiguo baúl que se encontraba al pie de la cama. A ella le dolía todo el cuerpo, sus músculos y huesos estaban gritando por la utilización más temprana de su mente. Su cuello estaba tenso, lleno de nudos que le hicieron hacer una mueca de dolor cuando ella trato de masajearlos para deshacerlos.

Dios, ella necesitaba un poco de paz del dolor.

Un suave ruido de rasguños se escucha al otro lado de la pared. Este chirrido en sus oídos lo sintió como si fueran uñas en una pizarra, haciendo que su cabeza se sintiese tan sensible como una campaña de cristal.

“¿Rennie?”. La voz de niña de Mira era suave, apenas un pequeño susurro manso llegado a través de los huecos de la madera. “¿Rennie… eres tu?”

“Si, ratón”, contesto Renata. Ella se traslado hasta la cabecera de la cama y apoyo la mejilla contra la madera lisa de la paren. “Soy yo. ¿Qué estas haciendo todavía despierta?”

“No lo se. No podía dormir”.

“¿Mas pesadillas?”

“Uh-huh. Sigo… viéndolo. Aquel hombre malvado”.

Renata suspiro, al oír la vacilación en esa admisión débil. Ella pensaba en el baño calienta que estaba a solo unos pocos minutos fuera de su alcance. Dándole la bienvenida a la solidad que ella necesitaba más que nada en momentos como ese, donde las consecuencias de su capacidad psíquica, - la misma cosa que le había salvado la vida hace dos años en esta remoto lugar, de tierras boscosas, parecía decidida a darle una patada en el culo.

“¿Rennie?”. Se escucho nuevamente la voz tranquila de Mira. “¿Estas ahí?”

“¿Estoy aquí?”
Ella se imaginó la cara inocente a través de las uniones de madera. Ella no tenia que ver a la niña para saber que Mira probablemente había estada sentada allí en la oscuridad todo este tiempo, esperando oír que Renata volviera para que así ella no se sintiese tan sola. Ella había sido bastante sacudida los últimos días –que era comprensible, tomando en cuenta de lo que había atestiguado.
¡Oh, ajustar el maldito baño, pensó Renata severamente. Tragándose abajo el dolor que pasó por encima de su piel, cuando se puso de pie, ella se acercó y sacó una novela de Harry Potter del cajón de su mesa de noche.
"¿Hey, ratón? Yo no puedo dormir ahora mismo tampoco. ¿Y si te caigo de visita y leo a ti por un rato?"
El grito alegre de Mira sonó apagado, como si ella se hubiera tenido que cubrir la boca con la almohada para no alarmar a la familia entera con su estallido.
A pesar de su dolor y la fatiga, Renata sonrió. "Voy a tomar eso como un sí."

* * * * * * *
Sergei Yakut llevo a Nikolai a una habitación grande y abierta que podría haber sido una sala para banquetes cuando el antiguo pabellón de caza se encontraba en su apogeo. Ahora no había registros de algunas mesas o bancos, sólo un par de sillones de de cuero colocadas frente a una chimenea de piedra imponente en el otro extremo de la habitación y un escritorio de madera maciza rendido cerca. Las pieles de los osos, los lobos y otros depredadores más exóticos se extendían como alfombras en el piso de tablones de madera. Montado sobre la piedra encima de la chimenea estaba la cabeza de un alce con una enorme percha de cornamenta blanca como el hueso, sus oscuros ojos de cristal fijos en un punto lejano en la vasta expansión de la sala. ¿Su deseada libertad se había ido? Pensó Niko con ironía mientras seguía a Yakut a los sillones de cuero junto al hogar y se sentaba con el Gen Uno cuando este le hizo un gesto de invitación.
Nikolai ociosamente echo un vistazo a su alrededor, adivinando que el albergue al menos tenia un siglo de antigüedad, y construido para residentes humanos al principio, aunque las escasas ventanas estaban actualmente equipadas con contraventanas cruciales para bloquear los rayos UV. No era el tipo de lugar en que uno pudiera esperar de un vampiro lo estableciera como su casa. La Raza tendía a preferir lugares más modernos, lujosos, viviendo en grupos familiares o comunidades de Darkhavens llamados así en la mayoría de los casos, muchos de esos lugares equipados con perímetros de alarmas y cercas de seguridad. Como los domicilios de la raza civil estuvieran, del campamento rústico de Yakut lo suficientemente distantes para la buena cantidad de privacidad de los seres humanos curiosos, eso era cualquier cosa menos típico. Entonces nuevamente, no era Sergei yakuto él mismo.
"¿Cuánto tiempo has estado en Montreal?" pregunto Nikolai.
"No mucho tiempo." Yakut se encogió de hombros, los codos apoyados en los brazos del sillón en el que estaba sentado con los hombros caídos. Su postura podía haber parecido relajada, pero sus ojos no habían dejado de estudiar a Niko - haciendo una evaluación de él, desde el momento en que ellos se sentaron. "Me parece a mi ventajoso para mantenerse en movimiento y no ponerme demasiado cómodo en cualquier lugar. Los problemas tienen una manera de ponerse al día cuando usted se queda más tiempo de su bienvenida."
Nikolai considero el comentario, preguntándose si Yakut hablaba de una experiencia personal o, si eso supusiera como una especie de advertencia a su invitado inesperado.
"Cuéntame sobre el ataque contra usted", dijo él, imperturbable, ya sea bien por la mirada fija o por la evidente naturaleza sospechosa del Gen uno. "Y tendré que hablar con esa testigo también".
"Por supuesto". Yakuto hizo señas a uno de sus guardias de la Raza. "Vayan por la niña". El macho alto asintió con la cabeza en el reconocimiento, luego se dirigió a la izquierda para llevar a cabo la orden. Yakut se inclinó hacia delante en del sillón.
"El ataque ocurrió aquí en esta sala. Yo había estado sentado en esta misma silla, revisando algunas de mis cuentas en el momento en que el guardia de adelante que vigilaba escuchó un ruido fuera del alojamiento. Él fue a investigar, y volvió a decirme que eran solamente mapaches que se habían metido en uno de los cobertizos de atrás". Yakuto se encogió de hombros. "Eso no era inusual, por lo que lo envié a sacar a la alimaña fuera. Cuando pasaron varios minutos y él no volvió, supe en ese instante que había problemas. Pero para entonces, sin duda, el guardia ya estaba muerto."

Nikolai asintió con la cabeza. "Y el intruso estaba ya dentro de la casa."
"Sí, él ya lo estaba."
"¿En cuanto a la niña, el testigo?"
"Ella había tomado su cena y estaba descansando aquí conmigo. Ella se había quedado dormida en el suelo cerca del fuego, pero se despertó justo a tiempo para ver que mi atacante estaba de pie justo detrás de mí. Yo ni siquiera pude oír al bastardo moverse, él fue tan sigiloso y rápido."
"El era de la Raza," sugirió Niko.
Yakut asintió con su cabeza en acuerdo. "Sin ninguna duda, él era de la raza. Vestía como un ladrón, todo de negro, la cabeza y el rostro cubierto con una máscara de nylon negro, que dejaba sólo sus ojos visibles, pero sin ninguna duda en mi mente que era de nuestra Raza. Si yo tuviera que adivinar, diría que él incluso podría haber sido hasta un Gen Uno basado por su fuerza y velocidad. Si no fuera por la niña que abrió sus ojos y grito una advertencia, yo habría perdido la cabeza con él en ese instante. Él tenía un alambre delgado enrollado debajo delante de mi desde detrás de la silla. El grito de Mira llamó su atención lejos durante el momento crucial, y yo fui capaz de subir mi mano y bloquear el alambre de cortarme en rodajes a través de mi garganta. Me enrolle de su variedad, pero antes de que yo pudiera saltar sobre él mismo o llamar a mis guardias, se escapó." "Así como así, ¿él dio media vuelta y salió corriendo?" pregunto Nikolai.
“Así como así," respondió Yakut, con una lenta sonrisa burlona en la esquina de su boca. "Una mirada a Mira, y el cobarde huyó."
Niko juró en voz baja. "Usted es un maldito con muchas suerte", dijo él, encontrando difícil conciliar que la mera vista de una niña pudiera causar tal distracción del que tenía que ser un asesino altamente adiestrado, experto. Simplemente no tenia sentido.
Antes de que él pudiera señalarle ese punto a Yakut, el ruido de unos pasos se acercaban desde el otro extremo de la sala. Los que entraron adelante del guardia que Yakut había enviado fueron Renata y una delicada niña desamparada. Renata había desenvainado sus armas en algún lugar, pero ella paseaba junto a la niña protectoramente, su fría mirada fija cautelosa cuando ella llevo a Mira más allá de la habitación.
Nikolai no podía dejar de contemplar el extraño traje de la niña. El pijama de color rosa y las pantuflas de conejito eran inesperados, pero era el velo negro corto que cubría la parte superior de su rostro lo que a él le pareció más discordante. "Renata me estaba leyendo una historia," suministro Mira, su voz suave con un tintineo de inocencia brillando que parecía tan fuera de lugar en el dominio crudo de Yakut.
"¿Es eso así?" Él Gen Uno pregunto, una respuesta lenta que parecía dirigida más a Renata que a la niña. "Acércate, Mira. Hay alguien que quiere conocerte a ti. "
El guardia dio un paso atrás una vez que Mira estuvo de pie ante Yakut, pero las botas de Renata se mantuvieron al lado de la muchacha. En primera instancia Niko se preguntó si la niña pudiera ser ciega, pero ella se movía sin titubear, caminando los pocos pasos restantes hacia donde Yakut y Nikolai estaba ahora de parados.
La pequeña cabeza se volvió hacia Nikolai sin error. Ella definitivamente estaba observándolo.

"Hola", le dijo ella, y dio una educada pequeña inclinación de cabeza.
"Hola", respondió Nikolai. "He oído lo que ocurrió la otra noche. Tu debes ser muy valiente." Ella se encogió de hombros, pero era imposible leer su expresión cuando simplemente una parte pequeña de su nariz y su boca eran visibles debajo del dobladillo del revestimiento delantero. Nikolai observo en la joven chica traviesa, a una niña desamparada de “tres y medio pies de alto” que de alguna manera había conducido lejos hacia afuera a un vampiro de la Raza en una misión de matar a uno de los miembros más formidable de la Estirpe. Tenía que ser una broma. ¿Estaba Yakuto burlándose de él de alguna manera? ¿Qué posiblemente podía haber hecho esta niña para frustrar el ataque?
Nikolai contemplo a Yakut, listo para retarlo por lo que tenía que ser una línea de puras gilipolleces. No había ninguna forma en que el infernal ataque pudiera haber tomado, el camino que él había descrito.
"Quítate el velo", instruyo Yakut a la chica, como si él conociera la línea de pensamientos de Niko.
Sus pequeñas manos llegaron hasta el asimiento del borde de la pequeña tira negra de gasa. Ella barrió el velo arrastrándolo fuera de su rostro, pero parecía cuidadosa de mantener sus ojos hacia abajo. Renata se quedó muy quieta al lado de la niña, su expresión apacible, incluso mientras sus dedos se apretaban en puños por los costados. Ella parecía estar sosteniendo la respiración, esperando con un aire de anticipación cautelosa.
"Levanta tus ojos, Mira", le ordenó Yakutia a ella, su boca curvada en una sonrisa. "Mira a nuestro invitado, y muéstrale lo que él desea saber."
Poco a poco la franja de pestañas de color marrón oscuro se elevo. La niña levantó su barbilla, e inclino la cabeza hacia arriba y se encontró con la mirada fija de Niko.
"Jesucristo", él dijo entre dientes, apenas consciente de que él hablaba en voz alta, cuando él tuvo su primer vislumbre de los ojos de Mira.
Ellos eran extraordinarios. Los iris eran tan blancos, ellos estaban tan claros, como si fueran líquidos e indescifrables, como una piscina de agua incolora. O, más bien, como un espejo, él se corrigió, mirando más profundo en ellos porque no podía evitarlo, aproximándose mucho màs cerca por su alarmante belleza, insólita de su mirada fija.
Él no sabía cuánto tiempo se quedó mirando fijamente - no podía haber sido más que un par de segundos a lo mucho, pero ahora sus pupilas se estaban haciendo mas pequeñas, encogiéndose debajo de los diminutos pinchazos negros dentro del circulo infinito de color blanco plateado. El color brillaba, ondeando como si una brisa hubiera patinado a través de la superficie tranquila.

Increíble. Él nunca había visto nada igual. Él miró detenidamente mas profundo, incapaz de resistir el juego extraño de la luz en sus ojos.
Cuando estos se despejaron, Nikolai se vio reflejado allí.
Él se vio a sí mismo y a alguien más… una mujer. Ellos estaban desnudos, sus cuerpos presionados juntos, bañados en sudor. Él la estaba besando acaloradamente, enterrando sus manos en los los hilos lustrosos de su oscuro cabello. Empujándola debajo de él mientras él se hundía profundamente en su interior. Él se vio exponiendo sus colmillos, bajando la cabeza y colocando su boca en la curva sensible de su cuello.
Saboreando la dulzura de su sangre cuando él perforo su piel y su vena y comenzó a beber…
"Santo infierno", él tiro hacia afuera, arrancando su mirada fija de la sorpresa alarmante, toda – aparición - demasiado real. Su voz estaba áspera, su lengua gruesa detrás de la repentina aparición de sus colmillos. Su corazón latía a gran velocidad, y más abajo, su pene se había puesto duro como una piedra. "¿Qué justamente había sucedido?"
Todo el mundo lo estaba mirando a excepción de Renata, que parecía más interesada en ayudar a Mira a colocarse el velo. Ella susurró algo en el oído de la niña, palabras de consuelo, por el tono suave de ellas. La sonrisita baja, que retumbo de Sergei yakuto, fue secundada haciendo eco por las alegres risas de satisfacción de los otros hombres.
"¿Qué justamente me acaba de hacer ella a mí?" exigió Niko, en lo más mínimo entretenido. "¿Qué demonios fue eso?"
Yakut se recostó en el sillón y sonrió abiertamente como un zar que hace una broma publica a uno de sus contendientes. "Dime lo que tu viste".
"A mí mismo", dijo Nikolai lanzándolo, todavía tratando de encontrarle sentido. La visión era tan real. Como si todo eso hubiese realmente ocurrido en ese momento, no el espejismo que tenía que ser. Dios sabía que su cuerpo estaba convencido de que era real.
"¿Qué más has visto tú?" pregunto Yakut alegremente. "Dime, por favor."
Joder esto. Niko silenciosamente negó con la cabeza. Él estaría condenado si él fuera a comentarles la vivencia completamente lujuriosa a cada uno de los que estaban en la habitación. "Me vi a mí mismo… una visión de mí mismo, reflejada en los ojos de la niña."
"Lo que tu viste fue un vislumbre de tu futuro", le informó Yakut. Él hizo unas señas para que la chica fuera a su lado, donde él envolvió su brazo alrededor de sus hombros delgados y la atrajo hacia sí, como un bien muy preciado. "Una mirada a los ojos de Mira y tu ves una visión de los acontecimientos en tu vida que están destinados a venir".
No tardó ni necesito mucho para evocar la imagen de nuevo en su cabeza. Oh, diablos, no, no mucho en absoluto. Esa imagen era tan buena como permanentemente grabada en su memoria y en todos sus sentidos. Nikolai trato de controlar a su pulso para tranquilizarlo. Llamando a su firme fuerza – sobre sus pies. "¿Qué mostro Mira a su atacante la semana pasada?" – él preguntó, desesperado por cambiar la atención de sí mismo ahora.
Yakut se encogió de hombros. "Sólo él puede saberlo. La niña no tiene ningún conocimiento de lo que sus ojos reflejan".
Gracias a Dios por eso. Niko odiaba pensar en la educación que ella podría haber obtenido de otra manera.
"Cualquier cosa que el hijo de puta haya visto", agregó Yakut, "fue suficiente para hacerlo vacilar y darme una oportunidad para escapar de la muerte que él me vino a entregar." El Gen Uno sonrió con satisfacción.

"¿El futuro puede ser alarmante, especialmente cuando uno no lo espera, sí?"
"Sí", murmuró Nikolai. "Supongo que puede ser."
Él acababa de conseguir una dosis decente de aquel conocimiento de primera mano. ¿Sobre todo cuando la mujer que había estado envuelto alrededor de él, desnuda y retorciéndose de manera tan apasionada entre sus brazos? No era otra sino la fría, hermosa Renata.